Mariano Acosta: precareidad, descontrol y abandono estatal por no clausurar antes que suceda lo peor
Lo ocurrido en Mariano Acosta no puede leerse como un “accidente”, sino como la consecuencia directa de un sistema de precariedad, descontrol y abandono estatal.
Estamos hablando de un depósito donde se manipulaban y almacenaban garrafas sin habilitación, algo que el propio responsable detenido reconoció ante la Justicia . Es decir, una actividad de altísimo riesgo funcionando al margen de cualquier normativa básica de seguridad. Y no de ayer: vecinos denuncian que esto ocurría desde hace años, incluso con antecedentes de explosiones previas que nunca fueron atendidas .
Acá hay dos responsabilidades claras. Por un lado, la precarización laboral: trabajadores expuestos a condiciones peligrosas, manipulando gas en un entorno improvisado, sin controles, sin infraestructura adecuada y sin protección real. Por otro, una ausencia total de control municipal: ¿Cómo puede funcionar durante años un lugar así, en medio de viviendas, cargando garrafas de forma clandestina, sin que nadie lo clausure?
El resultado es el que vimos: explosiones, casas dañadas, familias evacuadas y personas con quemaduras graves . Pero lo más dramático es el caso de Thiago, un joven de 18 años que hoy pelea por su vida tras sufrir un hundimiento de cráneo al ser impactado por una garrafa en plena explosión .
Y aun así, la respuesta parece liviana, casi burocrática: un detenido, peritajes en curso y declaraciones. Pero esto no es un hecho aislado ni un error puntual. Es la consecuencia de mirar para otro lado durante años.
Cuando el Estado no controla, cuando el trabajo es precario y cuando la seguridad se improvisa, las tragedias no son sorpresas: son inevitables.

