Marcha y pedidos de Justicia por Noemí: ¿Por qué se demoró tanto la ambulancia?

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Seis meses después del brutal asesinato que le arrebató al amor de su vida, Gustavo Orquín sigue de pie, aunque abatido. Cansado, atravesado por la tristeza y la bronca, intenta reconstruirse en medio de un dolor que no da tregua: el de perder, en un instante, a su compañera y madre de sus hijos.
En Marcos Paz no está solo. El acompañamiento de vecinos, amigos y familiares volvió a hacerse visible en la segunda marcha realizada el sábado 11 de abril por la tarde, alrededor de la Plaza San Martín. Pero la movilización no fue un fin en sí mismo, sino un mensaje claro: la comunidad exige justicia. Exige que se aplique todo el peso de la ley sobre los dos detenidos, cuya responsabilidad —según cámaras de seguridad y testimonios— resulta contundente, tanto para quien disparó como para su cómplice, que facilitó la fuga.
Sin embargo, hay una verdad imposible de esquivar: a Noemí Toloza Orquín nadie la va a devolver. Y en ese vacío, Gustavo se sostiene como puede, aferrado a sus hijos, al abrazo cotidiano de quienes lo rodean y al acompañamiento profesional que necesita para seguir adelante.
Por eso, el foco no debería quedar puesto únicamente en la marcha. La verdadera noticia es el reclamo de fondo: la urgente necesidad de reforzar la seguridad en Marcos Paz, de terminar con la lógica de “puertas giratorias” en el sistema judicial y de exigir un compromiso real con la salud pública.
Porque también hay otra herida abierta. Noemí podría haber tenido una oportunidad. En el local comercial —el Minisúper Orquín, sobre Vélez Sarsfield— hubo intentos desesperados por salvarla. Pero la ambulancia pública demoró 10 minutos (los familiares la habían llevado al hospital). “Había otras prioridades”, fue la respuesta que recibieron en el hospital municipal. Una frase que no solo indigna: duele, interpela y expone una falla que no puede volver a repetirse.
Esta historia no puede cerrarse con una marcha. Tiene que abrir un debate profundo y, sobre todo, generar respuestas concretas. Porque cuando el Estado llega tarde —o no llega—, las consecuencias son irreparables.
“Quiero agradecer a los que estuvieron y a los que no pudieron venir a la marcha, fue muy importante para mí y mi familia. Les deseo a todos mucha paz, mucho amor. Dios está con nosotros”, dijo Gustavo luego de recibir el afecto de un pueblo que no quiere más hechos similares.