María Celia Cahué, 45 años de odontóloga: «No le temí al Covid»

María Celia Cahué, la prestigiosa odontóloga de Marcos Paz, dialogó en un mano a mano con Hora de Informarse para recordar momentos de su vida, destacar el vínculo de amistad y afecto que ha cosechado a lo largo del tiempo con los pacientes y por sobre todo, celebrar 45 años de esta profesión en la que durante mucho tiempo fue sinónimo de “tenerle temor al odontólogo”; pero con simpatía, contención y sapiencia, María Celia ha logrado ese cariño que se extendió en el boca en boca, a lo largo de los años.
-¿Cómo se define María Celia Cahué?
-A esta altura de mi vida, puedo describirme como una mujer que no para de crecer como persona, que día a día me evalúo y agradezco todas las experiencias de mi vida, que me han hecho resiliente y agradecida, estoy satisfecha con mi vida, como madre, abuela, profesional y amiga.
Puedo ser eterna buscadora, amo la naturaleza (mi jardín), el arte, la cocina, el bordado, el tejido, el desarrollo humano y el autoconocimiento.
-¿Por qué eligió la odontología?
-Junto a mi familia, cuando yo era chica, nos atendíamos con Raúl Meconi, en aquella oportunidad se fumaba en todos lados y el siempre nos recibía con su cigarrillo y boquilla.
Además, me gustaba mucho porque me parecía un trabajo artesanal, delicado. Provenía de una familia de inmigrantes italianos que trabajaron mucho en trabajos pesados, sacrificados; la insipiración vino por lo delicado del trabajo en consultorio.
Cursé la carrera en la Faculdad de Odontología de la UBA y me gradué a los 21 años. Además de trabajar acá lo hice en Luján, en el consultorio del Dr. Mitre durante varios años, también en un consultorio en Recoleta.
-¿Si tuviera que ponerse un puntaje como odontóloga, cuál sería?
-Me cuesta evaluarme con un puntaje, creo que he dado y doy lo mejor de mí, aceptando que algunos prácticas no me gustan tanto, como es el caso de la cirugía y sí me gusta mucho más la estética, prótesis y restauraciones.
Creo que lograr la satisfacción de los pacientes es primordial en una atención integral, no sólo en la práctica sino también en la contención emocional; la empatía y el vínculo afectuoso que se generó con la mayoría de los pacientes me reconforta mucho. Todo sobre la base de la confianza y la honestidad; aunque a veces hay excepciones de pacientes no satisfechos. También hay sucesos de nuestra vida personal afectan nuestro estado de ánimo y eso se refleja.
-¿Y qué otras actividades te gustan, a partir de explorar otras virtudes?
-Me gusta arquitectura, el diseño, el paisajismo, el arte, la fotografía, el coaching.
Con el arte conecté cuando falleció mi padre, en el taller de Tita Lemus. Pasamos momentos imborrables junto a Mabel Pasquali, Liliana Goyeneche, Leo Savia y Marcela Larre. También tuve el enorme placer de frecuentar el taller de Mac Entyre, famoso por su arte generativo, un gran artista y una gran persona.
El año pasado hice una diplomatura de inteligencia emocional y coaching en la Universidad Siglo XXI.
Luego de un viaje a la Puna incursioné en actividades textiles, telar, bordado, etc. En época de pandemia, con mi nueva cámara de fotos, salgo a captar atardeceres de Marcos Paz.
-Recordanos alguna anécdota personal…
-Atender a pacientes en la ex Clínica San Camilo, eran pacientes psiquiátricos. Ellos se paraban arriba de las sillas para pedirme que los atienda, fue muy lindo. Lo hacía al aire libre, en sillas comunes y apoyados en palmeras!.
-¿Qué significa trabajar en salud en pandemia, vivió algo similar antes? ¿Cree que el gobierno se manejó bien o mal con las restricciones, etc.?
-En la década del 80, al aparecer el Sida, empezamos a utilizar guantes con todos los pacientes, lo que hasta entonces se usaban sólo en cirugía. Este año hice la cuarentena estricta sin llegar al consultorio durante 40 días, consideré que es posible la atención tomando todas las medidas de seguridad. Puse el cuerpo y el corazón, no le tuve mucho miedo al coronavirus.
No me quiero meter mucho en política y pensar si se manejó bien o mal la pandemia, es un tema desconocido en todo el mundo, nos sorprendió, fue algo impensado que de un día para el otro tuve que cortar el trabajo y quedarme en casa encerrada. En una de esas la cuarentena podría haber sido menos rígida, pero reitero, es un tema desconocido en el planeta. Afectó a muchas actividades comerciales y profesionales: en el caso nuestro, al subir el dólar y los insumos, paralelamente disminuyó la cantidad de pacientes que podemos atender por día por protocolo. Tuvimos que implementar medidas de bioseguridad, lo que acarreó una suba de los honorarios bastante importante.
Una de las cosas que más afectó fue la parte emocional, la educación, los afectos, los abrazos, el mate y además la pérdida de vidas de seres queridos y conocidos, es un momento difícil para la humanidad.
-¿Cómo evalúa a la salud pública?
-Deteriorada desde hace décadas, no sólo se afecta a los médicos, enfermeros y ambulancieros. Hay poco reconocimiento a los profesionales de la salud, todos están en un exceso de trabajo, exposición y riesgo. Llegan extenuados a sus hogares, donde comparten su vida con sus familias. Cualquier gobierno debiera mejorar la educación y la salud pública. Los niños sufrieron eso de no estar con los compañeros y el asilamiento. Creo que los políticos deberían bajarse los sueldos e invertir más en estas áreas que son prioritarias.
Cuando apareció la pandemia en algún momento me planteé dejar de trabajar, pero haciéndolo dos días a la semana estoy bárbara, dado que también mi hijo también trabaja en los consultorios; me dedico a otras cosas que ya describí y me distraigo. No estoy pensando en jubilarme, el 10 de diciembre de 1975 me gradué y este año cumplo 45 años con la profesión.
Ha pasado casi medio centenar de años y María Celia disfruta de su profesión, le rinde culto al sacrificio y honestidad. Los resultados, hablan por sí solos. Felicidades.
Mariano Plaza

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