Esquivando y zigzagueando la muerte: pese a las promesas, la ruta 6 siempre está rota

Pasan los años y los accidentes se multiplican en la denomindada ruta del “Mercosur”. La ruta provincial 6 ha sido inaugurada y reinaugurada desde hace muchos años y nunca, pero nunca, quedó bien. Los errores dirigenciales se multiplican y la falta de control sobre el peso de los camiones, principalmente, son las razones por las cuales se rompe permanentemente.

Quien haya manejado por la Ruta Provincial 6 sabe que por largos tramos es un camino de cráteres, despintado, donde se producen llamativos contrastes. El trayecto entre la autopista Ezeiza-Cañuelas y la localidad de Luján (unos 70 kilómetros), por ejemplo, está repleto de pozos en la mano que va a Zárate. Del otro lado, en cambio, está en óptimas condiciones. Esto se debe a la interrupción de las obras que se realizan y suspenden hace al menos seis años. Y a la falta de mantenimiento en la arteria más importante del Mercosur, donde la circulación de camiones es una de las más altas del país.

Desde la Dirección de Vialidad de la Provincia informaron a Hora de Informarse que el año pasado hubo 84 accidentes, aunque no respondieron sobre la cantidad de víctimas fatales ni los causales. Tampoco dieron cuenta del registro de denuncias.

Construida hacia 1970 para aliviar el tránsito de camiones en los accesos a la Ciudad de Buenos Aires, la Ruta 6 conecta los puertos de La Plata, Zárate y Campana. A lo largo de 180 kilómetros, atraviesa otras nueve localidades: Exaltación de la Cruz, Pilar, Luján, General Rodríguez, General Las Heras, Marcos Paz, Cañuelas, San Vicente y Brandsen.

Considerada la principal ruta del Mercosur, por día la recorren más de 200.000 vehículos, principalmente camiones que trasladan productos primarios. Pero también la utilizan particulares. Los fines de semana es habitual encontrarse con familias enteras en la banquina a la espera un auxilio mecánico o lidiando con herramientas propias.

Los que frecuentan la zona dicen que el estado de la ruta empeoró en los últimos diez años. Alberto Nom, de 60 años, maneja por la ruta con su esposa, ida y vuelta, todos los fines de semana. Lo mismo hacen sus dos hijos, Marcos y Gabriel, en sus respectivos autos, con sus novias.

“Hace unos cuantos años el asfalto se rompía por los camiones, pero emparchaban más seguido”, dice a este medio. “Hace ya un tiempo dejaron de hacerlo. Esto, sumado al peso de los camiones que rompen todo, hace que la ruta sea un desastre. Después de cada pozo profundo seguro te encontrás con uno o dos autos parados porque pincharon”. Más de una vez él mismo rompió un neumático o tuvo que ir a buscar a algún amigo varado. En su barrio, el estado de la ruta es un tema de conversación frecuente en los asados familiares de los domingos.

Santiago Arregui vive en Marcos Paz. Empleado, tiene 48 años y conoce bien la ruta: “En el kilómetro 111 no hay un pozo, hay un cráter. Hay muchos accidentes, porque cuando lo quieren esquivar muerden la banquina y vuelcan”, cuenta.

DENUNCIAS

En el foro de la Asociación Civil Luchemos por la Vida aparecen decenas que se repiten a lo largo de los años. En 2008 un conductor relataba: “Regresando de Buenos Aires se presentó a mi derecha un enorme bache. Rompí eje, llanta y cubierta. Si todos los laburantes pagamos los impuestos, ¿quién paga el arreglo de mi herramienta de trabajo y el riesgo de muerte que corrimos mi hijo y yo? Cuántas vidas se habrán comido estos pozos, producto de la corrupción que maneja el mantenimiento de estos caminos de la muerte”.

De trasfondo, el cobro de peaje

Lleven granos o ganado en sus acoplados, los gigantes del asfalto frenan súbitamente y se vuelcan a la banquina o se cambian de carril sin previo aviso cuando aparece un pozo. A la vera de la ruta, sobre las banquinas -que en muchos tramos están destrozadas- yacen cientos de llantas y pedazos de caucho junto a los límites amarillentos desdibujados.

Desde Autopistas de Buenos Aires confirmaron que los pozos se producen por el impacto de los camiones y destacaron la importancia de cobrar peaje para financiar las mejoras en la calzada.

Aunque hay varias garitas, nunca estuvieron en funcionamiento. El sistema de cobro que quiso implementar el actual gobierno provincial se encuentra suspendido por una resolución de la Justicia, a raíz de una queja de la Defensoría del Pueblo. Un juez en lo contencioso administrativo dictaminó el año pasado que no se puede aplicar el cuadro tarifario hasta que no se terminen los trabajos y se le otorgue la concesión a Aubasa, previo consentimiento del Poder Legislativo.

 

 

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