Belgrano y Sarmiento, “Día del Maestro”

Las calles del Buenos Aires decimonónico no permitieron que se crucen, quizás porque en esos tiempos de carretas y huellas, las distancias crecían hasta lo infinito, quizás porque el interior estaba en ese entonces tan lejos de Buenos Aires como en la actualidad, lo cierto es que Manuel Belgrano y Domingo Faustino Sarmiento nunca se vieron en vida.
El primero nacido en Buenos Aires en 1770, el otro en San Juan en 1811. Distancias medidas en años y en kilómetros, permiten contextualizarlos entre los fragores de las batallas por la Independencia de España y las luchas por la autonomía provincial y la consolidación de un estado moderno.
Sus realidades sociales nos permiten verlos en escenarios de vida muy distintos. Belgrano Perí se enriqueció con el comercio monopólico, el mismo comercio que pagó los estudios de su hijo Manuel, hasta convertirlo en Doctor para volver a estas tierras a bregar desde el Consulado para cambiar el perfil del lugar que lo había visto nacer. Sarmiento, oriundo de uno de los barrios más pobres de San Juan, curso sus estudios en una Escuela de la Patria, esas que supo crear con esmero la Revolución de 1810 con ideales de igualdad y fraternidad. Revolución que Belgrano acompañó desde su banca en la Junta como Vocal y más tarde desempeñándose como soldado al frente de los ejércitos que marcharan a defender la causa, e incluso fundó escuelas en sus campañas con el premio que le diera el gobierno por sus triunfos en el Norte.
Sin embargo, más allá de las diferencias establecidas, en el crisol de la historia Argentina esas personalidades tan disimiles se funden en un abrazo eterno. Dieron feroz batalla, como todo hombre que le toca en suerte acudir al llamado de la tierra de sus padres, sin embargo se impusieron sobre la coyuntura y oteando el horizonte, apostaron por el futuro, comprendiendo que el mismo, solo será digno de ser vivido si educamos al soberano.
Belgrano muere pobre un 20 de junio de 1820, pagándole al médico que lo asiste con su reloj, su testamento: un país libre de las cadenas de la servidumbre. Sarmiento muere el 11 de septiembre de 1888, en Paraguay la tierra que le había arrebatado años antes a su hijo Dominguito, deja un breve testamento político que resume su obra:
«Nacido en la pobreza, criado en la lucha por la existencia, más que mía de mi patria, endurecido a todas las fatigas, acometiendo todo lo que creí bueno, y coronada la perseverancia con el éxito, he recorrido todo lo que hay de civilizado en la tierra y toda la escala de los honores humanos, en la modesta proporción de mi país y de mi tiempo; he sido favorecido con la estimación de muchos de los grandes hombres de la Tierra; he escrito algo bueno entre mucho indiferente; y sin fortuna que nunca codicié, porque era bagaje pesado para la incesante pugna, espero una buena muerte corporal, pues la que me vendrá en política es la que yo esperé y no deseé mejor que dejar por herencia millones en mejores condiciones intelectuales, tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones y surcado de vías férreas el territorio, como cubierto de vapores los ríos, para que todos participen del festín de la vida, del que yo gocé sólo a hurtadillas».
Estamos obligados a tomar la llama sagrada que nos legaron nuestros padres, a edificar sobre la roca imperecedera de sus convicciones, una nación como la que soñaron Belgrano y Sarmiento, no tengo dudas que ese camino, es como lo imaginaron hace tanto tiempo estos colosos, el camino de la educación.
PROF. CARLOS MIRANDA
INSTITUTO BELGRANIANO DE
MARCOS PAZ

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.