Apareció con vida Marina Aragunde, luego de su secuestro en 1995

Impacta, emociona; es acaso la noticia del año en Marcos Paz. Corría el año 1995, pleno verano y un calor insoportable. A Marina Aragunde, hija de María Fernanda, se la habían llevado del jardín de su casa narcotraficantes que le tendieron una venganza a su abuelo paterno y padre biológico. Se pensó lo peor; la buscaron por cielo y tierra, los helicópteros de todas las fuerzas, perros de búsqueda y anillos cercando todas las zonas aledañas a Marcos Paz, dieron resultado negativo; se tornó, recuerda el vecino de Marcos Paz, una búsqueda casa por casa, saturando todos los objetivos posibles; y nada. En el común denominador, y al cabo del paso de los años, todos pensaban que Marina estaba muerta.Marina Fernanda fue arrebatada el 1° de febrero de 1995 de su casa, en Marcos Paz, y nunca más se supo de ella. Hasta ahora.

A principios de abril, y gracias a las publicaciones en redes sociales, la joven de 28 años encontró a su madre biológica. Se contactó con ella, le ofreció datos para que ambas pudieran verificar que estaban frente a la persona que buscaban desde hace años. Había desaparecido del barrio de La Recova, ahí a metros de la calle Salta. Marcos Paz no salía de su asombro e indignación porque Marina, en ese entonces tenía sólo 4 años. Fue aterrador y doloroso, más allá de las voces que vinculaban directamente al padre y abuelo en este «ajuste de cuentas», la niña no aparecía y todo era angustia y desesperación.

«Me reconozco desde abril en un grupo de Facebook, en un grupo llamado Donde Estás. Hablé con ella por privado y me empieza a brindar muchísimos datos. La primera vez que la vi fue demasiado fuerte. Estaba en el boulevard Oroño -vive en Rosario- y la veo caminando a mi mamá; es como que se completa el alma, son recuerdos. No me acordaba de la cara en sí, pero sí de figuras. Cuando le vi las manos, la rocé y la miré me di cuenta que era mi madre, fue muy fuerte. Actualmente, espero una nueva partida de nacimiento y un acta, necesito recuperar mi identidad, que es el principal derecho de una persona. A mí me secuestraron y me vendieron; mis captores compraron en migraciones de Mar del Plata una identidad falsa, me llevaron para hacerle daño a mi abuelo paterno por un ajuste de cuentas, y a la mujer que me llevó la conocía, era una de las ex parejas de mi abuelo. Esa era la mujer que me llevó y me vendió, pensé que eran sueños y no lo eran, recuerdo que fue un viaje largo. Fui a una casa y luego a otra, íbamos cambiando de domicilio permanentemente, tengo mucho miedo pero les aconsejo a quienes buscan a sus hijos que nunca abandonen la búsqueda. Mi mamá pensó que jamás estaba muerta, sintió que estaba bien y que se iba a morir viéndome», concluye Marina en uno de los relatos televisivos que impactó al país, desde su ciudad actual, Rosario.

En el medio, Marina vivió una historia de terror. En diálogo con Clarín, «Yo en un primer momento estaba en la postura de que me querían separar de mi familia. Pasó el tiempo y me quedó la duda. Voy a (la oficina de) Migraciones, porque tengo una numeración extranjera, y me dicen que la persona con mi identidad falleció en el 95. Me habían dado, después de comprarla, la identidad de una persona muerta«, detalla en diálogo con Clarín.

Enfrentarse a la verdad fue parte de un proceso doloroso. «Me ponía mal toda la situación. Saber que lo que me habían dicho era todo mentira, que toda la vida desde que me crié era mentira«, explica. La familia que se apropió de la pequeña ocultó siempre aquella historia. Ella creía estar frente a sus padres biológicos.

«Desde el momento que me compraron, cada dos años, cambiaban de casa. Yo tenía el pelo rubio y me cortaron los rulos. Me vestían como un varón para que no fuera reconocida. Vivíamos en la ciudad de Buenos Aires, pero cada dos años automáticamente cambiábamos de casa. O al año me mudaba», recuerda. Era parte de una maniobra que buscaba ocultarla, pero que ella, aún pequeña, no terminaba de comprender.

Valeria sintió que ya no era Valeria. Pero todavía no tenía claro que era Marina. Comenzó a investigar, a buscar en redes sociales algún indicio. Un día tropezó en algo que fue como un flash: se reconoció en una foto de Facebook, que la retrataba siendo pequeña, y a partir de allí todo se convirtió en un vértigo del que todavía no logra reponerse.

 

 

 

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