Entre recuerdos, emociones y un bosque que cambia: las historias que guarda Isla Victoria y el bosque de Arrayanes
Después de más de dos décadas guiando excursiones por Isla Victoria y el Bosque de Arrayanes, Andrea Pargade asegura que ningún viaje es igual a otro. Detrás de cada navegación hay historias de superación, encuentros inolvidables y un paisaje que también fue cambiando con el paso de los años.
Hay trabajos que se convierten en una rutina. El de Andrea Pargade, en cambio, se alimenta todos los días de nuevas historias.
Desde febrero de 2004 forma parte de Espacio, la empresa que comenzó a realizar excursiones a Isla Victoria y al Bosque de Arrayanes ofreciendo una propuesta diferente a la que históricamente desarrollaba Turisur. Aunque ya conocía el lago desde niña, porque su padre fue capitán de embarcaciones turísticas, asegura que todavía hay momentos capaces de sorprenderla.
Entre los recuerdos más emocionantes que atesora aparece la visita de un grupo de más de veinte personas no videntes provenientes de distintos países del mundo.
«Ellos disfrutaban del bosque de una manera completamente distinta. Tocaban la corteza de los árboles, escuchaban el viento, los pájaros y percibían los aromas del lugar. Fue una experiencia que nos marcó a todos», recuerda.
Muchos llegaron acompañados por perros guía y otros utilizaron bastón durante el recorrido. La excursión demostró que la belleza del Bosque de Arrayanes puede descubrirse mucho más allá de la vista.
Con el correr de los años, la empresa también recibió personas con distintas discapacidades motrices y necesidades especiales, adaptando cada recorrido para que todos puedan disfrutar de uno de los paisajes más emblemáticos del Parque Nacional Nahuel Huapi.
Pero no sólo cambiaron los visitantes. También cambió el propio bosque.
Andrea cuenta que desde hace alrededor de doce años comenzaron a notar con preocupación los efectos del déficit hídrico que atraviesa la región. La disminución de las lluvias y las nevadas provocó un descenso del nivel del lago y un mayor estrés para los antiguos arrayanes.
«Hay árboles muy grandes que naturalmente van cayendo, pero la falta de agua también influye. Es un proceso que se observa cada temporada», explica.
Al mismo tiempo, destaca que el sotobosque comenzó a recuperarse lentamente luego de que dejaran de realizarse actividades ganaderas que durante décadas modificaron la vegetación del lugar. Sin embargo, considera que el bosque todavía necesita muchos años y mejores condiciones climáticas para recuperar todo su esplendor.
Cada jornada, las embarcaciones de Espacio realizan habitualmente dos excursiones diarias, con capacidad para alrededor de 240 pasajeros. La permanencia en Isla Victoria ronda las cuatro horas, permitiendo recorrer senderos, playas y distintos sectores naturales con tiempo suficiente para apreciar el entorno.
Para quienes planean visitar el lugar durante la temporada alta, la recomendación es reservar con uno o dos días de anticipación. Los pasajes pueden adquirirse en boletería, agencias de turismo, por WhatsApp o a través de la página web de la empresa.
Las embarcaciones cuentan con sectores cerrados para quienes prefieren viajar resguardados o temen marearse, mientras que tanto en Isla Victoria como en el Bosque de Arrayanes existen espacios gastronómicos donde los visitantes pueden descansar antes de continuar la excursión.
Después de miles de navegaciones, Andrea asegura que el mayor recuerdo que le dejó este trabajo no es un paisaje en particular, sino las personas.
«Cada grupo vive la isla de una manera diferente. Algunos se emocionan con el silencio, otros con la historia del lugar y otros con la naturaleza. Eso hace que, después de tantos años, cada viaje siga siendo único», concluye.

