VITOTA: “Se puede vivir con menos y ser feliz”

Es un personaje bohemio y simpático, que nunca pierde el humor, ese chico que se llama Víctor Pane pero al que todos conocen comovictor pane 01victor pane 04victor pane 03victor pane 02
Vitota, que a los 34 años, se dio el gusto de recorrer Brasil con su 404 descascarado que quedó en el chapista en el país carioca, y que promete ir en su búsqueda cuando le hagan un “toque de belleza” para recorrer otros países de Sudamérica. “Soy alguien que disfruta de los pequeños momentos”, se define.
Pero Vitota no está solo, lo acompaña su mujer, o mejor dicho Clara La Vida, un maniquí que según el “ya estuvo embarazada y hasta también secuestrada”. Con Clara, ha diagramado tapas de revistas, ha sacado fotografías con los curiosos en las playas cariocas y se ha ganado también la vida a costa de guiones, e historias ficcionadas en base al maniquí.
Uno de los rebusques de Vitota es canjear alojamiento por fotos, en lugares turísticos, les vende el servicio a los que allí se hospedan. Vaya si se hizo famoso, que hasta de los medios nacionales lo han entrevistado por sus ocurrencias, locuras lindas y emprendimientos aventureros, solitarios y divertidos. Y pensar, que hace un tiempo, este chico de Marcos Paz se dedicaba a la compra y venta de productos usados, y de pronto, desapareció…
“El viaje nace como el final de un proceso de desapego que me llevo varios años. Uno no se levanta un día y se va. Fui soltando cosas que ya no me interesaban y no me conectaban con lo que quería para mi vida. Y fiel a la poética de Drexler, que nos dice que, “uno conserva todo lo que no amarra”, no me preocupé por lo que dejaba, y me encontré que en todo el descarte había elegido la companía de un 404, una cámara de fotos y una muñeca, y nuevos objetivos y búsquedas, que ya estaban dentro, pero ahora serían la prioridad y un modo de vida”.
-Estando en Brasil, se te hizo facil o dificil conseguir trabajo?
-La idea y el hecho propio de fotografiar gente siempre me emocionó. Cuando ya estaba decidido a salir pensé en tres ideas que iba a desarrollar. 1) retratos fotográficos de personas donde el punto de interés es el rostro, usando un gran angular, que es un lente que exige acercarte a la gente para retratar sus rostros. 2) escribir prosa poética, en la que no intento narrar hechos, sino sentimientos, sensaciones, impresiones, donde lo expresivo predomina sobre la intención de contar. 3) y vivir de trabajos fotográficos que hice durante el camino. Así fue que pasaron tres años y medio, por distintas ciudades y pueblos. Y si tendría que pensar en un primer momento en que sentí la curiosidad por fotografiar, sin duda alguna, pienso en mi amigo Enrique Correa, que fue mi profesor de música y de derecho, que me mostró a la fotografía como un medio de expresión artística, y la posibilidad de desarrollar distintas inquietudes humanas a través de la imagen como un lenguaje infinito de posibilidades.
-¿Por qué adoptaste a Clara La Vida como parte de tu vida? ¿Alguien te sugirió que podría ser tu aliada número uno en Brasil? ¿De dónde sacaste ese maniquí?
-A Clara me la presentó mi hermana. Resulta que yo estaba escribiendo un cortometraje donde una maniquí tenía un rol importante en la historia, entonces Sabrina, mi hermana, que siempre colabora en los proyectos la descubrió en una casa de campo, descolada, abandonada y llena de tierra, ahí la conservaba la madre de Carolina Trino, mujer caritativa que había dado un espacio a Clara en su pórtico para que pase sus días fuera de las vitrinas. Después Clara se quedó en mi habitación, y cuando decidí salir de viaje imaginé que podía ser una buena companía, y acerté !
-¿Que te dice la gente, que estas un poco loco por hacer guiones con un maniquí y generar historias?
-Te encontrás de todo, y es un misterio la gente. A mí me encanta escuchar lo que piensan, aunque es verdad que algunos comentarios chatos no los aguanto mucho, me gusta cuando vienen con una postura al respecto, con el concepto que cada uno maneja de locura. Algunas personas se aproximan, se abren a escuchar, otras se alejan o simplemente se ríen, otras intentan llegar a un sitio lejano del alma y finalmente, las que intento no encontrarme son las que se acercan y con un rechazo que les sale de sus entrañas me dicen : vos estás loco… y se van, esas me asustan un poco, no es que me asusta lo que me dicen, me asusta la forma en que lo dicen. Entonces, si la locura es hablar a través de la ficción, utilizando el absurdo, para contar una historia, escribir un guión, hacer tapas de revistas, romper el silencio, salir de la estructura asfixiante, sí, lo acepto, estoy loco. Las entrevistas son un estímulo.
Por suerte me fui adaptando a cada momento del viaje.
“En Brasil estuve en los estados de Santa Catarina, Paraná, Rio de Janeiro, Sao Paulo, Minas Gerais, Victoria, Bahía. Dentro de estos estados por muchísimas ciudades y pueblos. Ahora la idea es continuar por América del Sur.
Vivir día a día haciendo lo que te gusta me ayudó a descubrir que se puede vivir con menos, y que la felicidad es realizar nuestros deseos y sueños. En lo personal y en lo académico el viaje fue sumamente enriquecedor”, cerró Vitota, exclusivo para Hora de Informarse.
Texto: Mariano Plaza

 

 

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