Sofía Aispurúa:»Mi padre no influyó en la elección de mi pasión por el básquet»

A los 25 años y con un enorme futuro por delante, Sofía Aispurúa, hija del recordado Vasco Sergio Daniel (jugador de básquet de la Selección Argentina), dialogó exclusivamente con Hora de Informarse desde el pueblo de Matelica, centro este de Italia, lugar donde hoy se prepara para retornar a jugar al basquetbol luego de afrontar dos lesiones ligamentarias en ambas rodillas. En su club -Matelica Thunder Basket-, serie B, buscan el ascenso a A2. La chica que se crió prácticamente en Marcos Paz hasta la finalización de la secundaria, habló y dijo cosas…
-Contanos un poco cómo nace tu pasión por el basquetbol. Fue tu padre quien te propuso jugarlo o a vos te gustó?
-Fui descubriendo el básquet de a poco, no era porque quería jugar al basquetbol porque papá jugaba. No tomaba conciencia de quizá la importancia de su carrera en el deporte porque cuando él jugaba era muy chica. Acompañándolo a sus entrenamientos en uno de sus últimos equipos de su carrera, nos vieron altas a mí y a mi hermana (Natalia) (Sofía mide 1,89 m.) y nos invitaron a jugar al básquet, sabiendo que éramos sus hijas. La pasión se fue dando sola, no hubo influencia directa de mi padre para que yo jugara al básquet.
-¿Qué recuerdos tenés de la infancia, hasta qué momento de tu vida viviste con tus viejos en Marcos Paz y cuándo y por qué tuviste que mudarte?
-Tengo bastante memoria por suerte y mi infancia me lleva a Marcos Paz. Si bien viví 3 o 4 años en General Pico, La Pampa; hice toda la primaria y secundaria en Marcos Paz con un montón de amigos que tengo. Fui al colegio San Marcos y después al Colegio de Fátima en la Secundaria. Jugué mucho en el campo de mis abuelos, amaba mi casa con el patio enorme, siempre venían a jugar mis compañeros de escuela y a medida que empecé a jugar al básquet empecé a viajar más.
En el 2011 yo entrenaba en Vélez, nos tuvimos que mudar a Capital, no me pude adaptar nunca al grupo de la escuela, me hacían la vida imposible por el tema de las faltas y al año siguiente, nos pusimos de acuerdo con el Instituto de Fátima de Marcos Paz para que me dejaran cursar de lunes a jueves, los viernes no iba y después recuperaba materias. Fue un año movido y pude darme el lujo de terminar el colegio donde yo quería y con mis amigas.
-Contanos algo de Natalia, tu hermana, que se destaca en la Selección Nacional de Vóley…
-Mi hermana es todo, si bien cuando ella crecía yo era un poco más chica y nos desconectamos un poco, pero tenemos una conexión como si fuéramos gemelas. Hablamos y decimos al mismo tiempo sin saber lo que vamos a decir. Ella estuvo en todos los momentos al pie del cañón. Agradezco y me creo una afortunada por ser hermana de Nati.
-¿Estás estudiando alguna carrera o curso?
-Estoy haciendo un curso de relaciones Institucionales, es una carrera que me llama la atención, pero antes de meterme de lleno me di cuenta que había mucha política y economía. Hasta el momento me está gustando, seguramente me inscriba a distancia para que pueda estudiar y seguir estudiando en Argentina. Puse en pausa Relaciones Públicas -carrera que también arrancó- porque asistía a una facultad que me obligaba a la presencialidad sí o sí; voy a ver qué hago si me cambio de facultad o dejo la carrera. Estudio porque sé que es necesario hoy en día; mi prioridad es el básquet.
-Si podés y no es muy engorroso, podés hacer un repaso por todos los clubes que jugaste y contar una breve experiencia de cada uno? ¿Cómo es que llegaste a una ciudad como Matelica en Italia, que por lo que cuentan es súper tranquila? Estás jugando el ascenso allá y, a la vez, es un club que te permite vivir del básquet?
-Empecé casi a los 10 años en el Club Teléfonos de Buenos Aires; en Olivos. Estuve dos años nomás, desde mini y premini. Fue muy recreativo y divertido; Martín mi ex entrenador era re bueno.
En Vélez jugué hasta los 20 años, tuve grandes entrenadores que me enseñaron mucho y me tuvieron paciencia. No era una chica fácil de llevar (jaja). Hice muchas amigas, el club me abrió las puertas para jugar en la Selección Nacional. Tuve grandes entrenadores en Vélez. Pero llegó un momento que me sentía muy estancada, necesitaba un cambio para seguir creciendo.
Decidí irme a Obras que había una prueba de jugadoras. Jugaban la Superliga y era una oportunidad para plantearme ser titular y protagonista. Allí jugué mi primer año en Obras Basket, le dio el salto a mi profesionalismo. Ya cobraba un sueldo, jugaba con equipos del interior; viajábamos, cosa que a todos los deportistas le gustan.
Antes tuve la posibilidad de irme a Europa, tuve que postergarla por las lesiones. Hoy, por suerte, la sociedad en Italia fue súper amigable; estoy bien y muy feliz, armamos un equipo para poder ascender de serie B a A2. Lo bueno que tiene que estar acá en Europa es que hay gastos que no tenemos que solventar. Cobramos un sueldo y lo podemos capitalizarlo de otro modo, se puede decir que vivimos del básquet. Es un aprendizaje para seguir creciendo.
-¿Cómo es Matelica, la ciudad donde estás y qué rutina de trabajo hacés a diario?
-Me levanto a las 8 de la mañana, con mi bicicleta me voy al gimnasio; hago rutina de pesas y preparación física de rutina del entrenador del Seleccionado Argentino. Después cocino, vivo con una chica que trabaja en el sponsor de acá. La liga del ascenso no es profesional en el sentido de que no todas cobran acá. Suelo dormir seguido la siesta porque para mí es sagrada, y tipo 18.30 voy a entrenar todos los días. Cuando arranque el torneo entrenaremos 3 veces a la semana y también espero con ansias que retomemos el 31 de octubre. Yo sabía que al nivel en que venía no era el más competitivo, pero después de lesionarme las rodillas debo ir gradualmente y de a poco; un nivel mucho más exigente no sería lo ideal para mi recuperación. A mí me sirve mucho permanecer en Italia para obtener la ciudadanía italiana.
-En algún momento pusiste en tela de juicio el trabajo desde la dirigencia de la Confederación Argentina de básquet…
-Siempre he dicho que nunca es suficiente, más allá de los logros deportivos que hemos obtenido en los últimos tiempos. Con Susbielles (2014-2019) hablábamos, hubo muchos cambios positivos, pero cuando se olvidaron las camisetas por falta de utilero en Los Panamericanos 2019 tiró un poco por la borda lo que había hecho, y ahora con Borro llevamos seis meses de su gestión sin haber tenido ni siquiera un mensaje preguntándonos algo. Cuando asumió Fabián Borro tuvimos 6 meses sin saber nada; se podría haber entablado un diálogo que no sabíamos qué pasó, no fue un momento lindo, nos sentimos solas. Ahora estamos un poco mejor, tenemos un cuerpo técnico que presentó un proyecto. Nos debemos todos una charla como adultos, profesionales, queremos que el básquet femenino siga creciendo. Me refiero al básquet femenino local argentino para que salga del stand by; no hay noticias de cuándo se puede arrancar. Si ya hay protocolos para la liga masculina, por qué no para la femenina? Todos deberían empezar a entender que el femenino ya no es un deporte que se realizar por hobbie sino que también las chicas se lo toman en serio y quieren vivir de esto, necesitan las condiciones para desarrollarse y llevarlo a cabo.
-¿Extrañás nuestro país?
-Extraño Argentina, a mi familia, mis amigos, las tradiciones nuestras. No es algo que sufra, porque desde muy chica yo viví en Capital con mis amigas y he estado lejos de mi papá, el desarraigo no lo sufro. Yo creo que mi carrera está acá y por el momento deportivamente no vuelvo a Argentina. Quisiera hacer una vida en Europa deportivamente.
Matelica es una ciudad de 10 mil habitantes, tenés montaña cerca, río, mar, en invierno nieva; el paisaje es hermoso, la gente es cálida y atenta. Desde que llegué no pude conocer demasiado, con cuarentena incluída. Conocí Roma, Latina y cuando me trasladé a Matelica conocí Perugia, Civitanova, y no mucho más. Tuve la cuarentena en el medio.
-¿Metas y competencias a la vista?
-Ya comienzan los amistosos y estoy bastante ansiosa. La idea es llegar a A2, empezar a jugar. Con respecto a la Selección es hacer una buena temporada acá para estar en el radar del cuerpo técnico nuevo y ganarme un lugar. La idea es volverme a sentir bien y que estoy jugando. Esto es paso a paso, lo importante sería jugar acá. Hay que seguir creciendo. Habrá que jugar nomás…
-Si bien Sofía Acevedo tiene 19 y vos 25 años, tienen algo en común: son ambas de Marcos Paz y juegan para la Selección Argentina. ¿Qué opinás de Sofía, compartiste cancha, fuiste rival de la “china”, compartiste entrenamientos?
-Pude compartir unos entrenamientos en el Cenard con la Selección Mayor, he jugado en contra recién el año pasado; ella era mucho más chica que yo. Hemos jugado Obras vs. Lanús; compartimos concentraciones de sub 19 (Cuando Aispurúa se lesionó en ambas rodillas hizo rehabilitación deportiva con chicas más chicas, de las juveniles) pude conocerla a ella en el transcurso de las lesiones. Sofi tiene una mano tremenda, una confianza, juega bárbaro… Ella estaba con otro tipo de proyectos y me alegra mucho que haya podido ir a Uruguay; seguramente cumplirá sus otras metas (Luego de Uruguay, Acevedo podría jugar en Serbia). Es una chica que me hace morir de risa, la “china” es muy divertida.
Y llegó el fin de la charla, donde la buena onda de Sofía dejó en claro que está pasando un excelente momento de su vida, con sueños y metas por cumplir y disfrutando de un país que le abrió las puertas para que pueda, en principio, obtener la ciudadanía italiana. Y por qué no, despegar en lo deportivo y sumarse a nuevos desafíos más adelante. Ojalá que las lesiones ligamentarias en sus rodillas hayan sido parte de una historia que no vuelva a reiterarse; desde su 1,89 m. y su simpatía, siempre tiene a Marcos Paz muy presente. Eso, se llama humildad y no olvidar sus orígenes.

Entrevista y texto: Mariano Plaza

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