Robaron, e intentaron matarla incendiando su casa

La mujer que ya hace años tiene su puesto de flores en la entrada del cementerio, Rosa Takara, fue esta vez, víctima de un trágico y violento robo en su casa, en la que vive con su familia, a unos 2 kilómetros de la Capilla de Fátima, en zona de campos.
Ella se encontraba sola en su casa, y el hecho sucedió el lunes 23 de febrero alrededor de las 20: “Los perros comenzaron a ladrar, y yo me asomé para ver en qué dirección lo hacían. Pensé que tal vez ladraban al fondo por las gallinas del vecino, y de repente tengo un hombre encima, me pega una cachetada y me tira al piso. Querían plata, y por lo que pude percibir eran 3 personas: una fue la que me tiró al piso y me controlaba, y los otros dos empezaron a buscar la plata mientras me insultaban. Yo les dije que en el primer cajón de la mesita de luz estaba mi billetera, pero revolvieron todo, y después me arrastraron hasta la pieza porque no encontraron nada. Luego me llevaron a otra habitación y me  siguieron golpeando e insultando”, comenzó contando Rosa Takara.
Aunque no pudo registrar sus rostros, está segura de que se trató de tres adolescentes. En un momento le dijeron: “A esta la matamos y la llevamos al campo, total hay mucho campo”.
Luego de que los delicuentes se fueron, le taparon la cabeza con un trapo, y Rosa sintió como que “el techo se estaba reventando”, entonces se trasladó a uno de los cuartos y comprobó que se trataba de un incendio. “Me desaté las manos como pude, y desde la ventana comencé a gritar al vecino aunque está bastante lejos. Tenía miedo por el fuego. Instantes más tarde escucho que llega mi marido”, recordó la damnificada.
Según Takara (que ha sufrido otro robo pero hace ya muchos años), los ladrones andaban caminando, y no se registran testigos de lo que pasó. La casa quedó completamente quemada, y no estaba asegurada: “Si no llegaba mi marido, yo no contaba el cuento”, declaró.
La denuncia ya ha sido radicada y la policía la ha citado para reconocer a 3 jóvenes sospechosos, pero Rosa dijo que no podría reconocerlos en el caso de que fueran los que la atacaron, porque usaban gorros y buzos con capuchas.
“No estoy mal, me siento contenida por mi familia y amigos. Las autoridades municipales se portaron bien y me están ayudando. No me puedo quejar, yo conozco mucha gente”, contó esperanzada, más allá de todo el dolor que le provocó ver a su casa destruida y sentirse mal: “Ya lloré lo que tenía que llorar, ahora tengo que estar fuerte para reponerme y volver a empezar”, dijo Rosa.
Mariano Plaza

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