“Me siento orgulloso de haber metido un gol en una final que ganó Argentina, Bilardo nos decía hasta cómo debíamos hacer el amor”

“Ojalá se hubiera cortado la racha y nosotros dejemos de ser la última generación campeona del mundo”. Esta frase fue una sincera expresión de100_1337 100_1344 deseo, se le notaba en el rostro. José Luis Brown, el Tata, el heroico central que reemplazó a Daniel Passarella en el mundial 1986 y quien marcara su único gol en la Selección frente a Alemania (Argentina 3 – Alemania 2), en la recordada final en el Estadio Azteca mexicano, dialogó en su pueblo natal Ranchos, con Hora de Informarse, en una charla imperdible.
“Agradezco a Dios haber podido cumplir el sueño de jugar un mundial para mi país y haber metido un gol en la final, me cambió el documento de identidad, son todas cosas que me enorgullecen mucho”, cuenta el Tata, que lo apodan así porque de chico se juntaba mucho con un hombre grande, un vecino de la cuadra, a quien llamaban así. Entonces sus hermanos le decían “vaya a con el Tata”, y ahí el sobrenombre que luego adoptó. Mientras, se escuchan los pájaros y se respira la tranquilindad de Ranchos, en una de las mesas del club donde el Tata jugó de niño antes de ir a entrenar a Estudiantes de la Plata. En ese sitio, la cancha lleva su nombre.
En una nota post mundial Brasil 2014, el Tata fue como comentarista de radio Nacional, y desde este medio queríamos dialogar con un campeón del mundo. “Si bien en casa nadie jugaba al fútbol, la vida y las circunstancias me hicieron jugar acá en Ranchos desde chico, luego llegar a Estudiantes de la Plata, allí salir campeón dos veces, y después ser convocado a la Selección. Siempre me ponía objetivos en la vida de jugador de fútbol”, señala José Luis, quien nunca se olvida de sus orígenes y le estará profundamente agradecido a la gente que lo ayudó en Ranchos, cuando estuvo a punto de dejar el fútbol (en las inferiores de Estudiantes) por cuestiones económicas. Y un repartidor de cubiertas, que viajaba hasta La Plata, lo incentivó a que continuara, diciéndole que el lo iba a llevar hasta el entrenamiento.
A los 57 años, cuando recuerda esos momentos, José Luis Brown se emociona y no oculta la satisfacción y el orgullo de haber vuelto su pueblo natal, después de remarcar que “yo vengo de una familia humilde, me crié en una escuela hogar desde los 3 años hasta los 13. En mi casa no había para comer a veces. Mi mamá era empleada doméstica, mi papá trabajaba todo el día, y un día me fui a vivir a una escuela hogar. Y no me olvidaré de esa gente que me daba unos pesos para el pasaje o para un sandwich”.
A los 12 iba una vez por semana a entrenar a Estudiantes. Y con 14 años ya estaba en la Reserva, a los 16 se mezclaba con el plantel profesional, y a los 18 debutó en la primera de Estudiantes, club del que fue capitán. Y por su rendimiento, Carlos Bilardo lo llevó a la Selección. “Me dio absolutamente todo, desde la confianza hasta ayuda material. Siempre comento que he estado en mi vida más al lado de Bilardo que de mis padres (fallecieron). Carlos es la rueda de auxilio que me ayuda en todo”, cuenta el Tata.
-Contanos qué recordás de aquella previa a la final en México 86…
“Llegó la noche de un 28 de junio del 86. Estaba acostado en la concentración, tenía la foto de mis hijos, y me pregunté, si hago un gol mañana? Al otro día hago el primer gol para Argentina, me cuesta explicarlo, lo vivo con muchísima intensidad el día a día. Es lo más lindo que me pasó en la vida después del nacimiento de mis hijos. Me siento orgulloso y feliz de haberle dado a la Argentina una enorme satisfacción”, recuerda Brown feliz.
En México, el Tata dormía con Passarella en la habitación. Carlos era un estudioso del fútbol según cuenta José. “Es un tipo muy obsesivo de la táctica y estaba en todos los detalles. El te decía hasta cómo tenías que hacer el amor con tu mujer en la concentración!!! (risas), te lo juro por Dios!!!.. Desde que nos fuimos desde Argentina hasta que volvimos, estuvimos 73 días afuera. Y una vez cada 8 o 10 días podíamos tener contactos con nuestras novias de aquel entonces.
“Nosotros seguimos siendo amigos desde aquellos entrenamientos en Empleados de Comercio de Ezeiza, y en aquel momento, nos teníamos que bancar que Bilardo nos sacara del entrenamiento y nos llevara a la sede de la AFA a ver videos. Pero todos los contratiempos nos fortalecieron como grupo y aún así, las críticas del periodismo y la gente nos potenciaron, ya que por nosotros nadie daba dos pesos. En Ezeiza no había nadie, no nos fue a despedir nadie como se hace ahora. Hubo periodistas que sacaron el pasaje para la primera fase porque pensaban que nos volvíamos”, recuerda Brown, a quien Bilardo con su voz y tono, le decía Bron Bron..
-¿Cómo te llevabas con Diego Maradona, que influencia tenía sobre sus compañeros, la palabra de él era más importante que la del DT?
-Era el motivador principal, entrabas a la cancha con una moral de querer pasar al mundo por arriba. Carlos era un DT donde te hacía una charla técnica donde no se olvidaba de nada. Una sola vez me dijo Bronnn te felicito. Era un estudioso, un técnico que no habrá nadie igual a Bilardo. Diego te inyectaba ánimo, y lo mirabas al contrario diciéndole a vos te gano.
Por otro lado, tres días antes del debut contra Corea del Sur, Daniel Passarella le dijo a Brown: “Cuidate, porque yo no llego. Llegó el día del partido y Daniel me dijo que no estaba en condiciones. En México, en la concentración del América, hubo un grupo que nos derivaron al lugar anexo, donde Bilardo ordenó hacer cuatro habitaciones: en una habitación dormíamos Passarella y yo, en la otra dormía Ruggeri con Almirón, en la otra dormía Valdano con Marcelo Trobbiani y en la otra dormía Bilardo y Pachamé. Para ir al comedor teníamos que caminar bastante, los baños eran deplorables (risas). Eso nos sirvió para fortalecernos más. Bilardo me dijo ehhh Bronnnn mirá que jugas vos!
-¿Qué pensaste en el momento de convertirle el primer gol a Alemania en la final?
-Pensé en este pueblo, en mis padres, hermanos, tíos, todo el sacrificio que me había costado. Es algo muy fuerte porque, me emociono porque me marcó muchísimo en la vida este pueblo. Acá en Ranchos me siento bien. Cuando un periodista me hizo una conexión con mi familia en la radio, y hablo con mis familiares, me quebré de emoción.
En aquella final, José se choca contra uno de los alemanes y se lesiona el hombro, y en una apuesta heroica, se mordió la camiseta y colgó los dedos a la altura del abdomen para no inmovilizar el brazo. “Le dije al doctor Madero, ni loco me saques!”. Y con la misma vehemencia que transcurrió ese recuerdo inolvidable, Brown siguió su camino en Francia, España y terminó su carrera en el Racing Club de Avellaneda. “Hubiera querido que esta racha de 24 años sin ser campeones mundiales se cortara, pero lo importante es que el equipo se consolidó. Y si ves a un alemán tirado en el suelo y a punto de convalecer, pisale la cabeza, porque si no estos robots reviven y nos pasa los que todos ya sabemos: le perdonamos la vida en cuatro ocasiones, y la primera que tuvieron, nos dejaron con las ganas de ser campeones del mundo. A nosotros nos pasó, nos dormimos, nos empataron 2-2 y por suerte pudimos reaccionar a tiempo, para ganarlo en el final”.
Hoy se lo ve a José Luis disfrutar de su pueblo, retornó hace 5 meses desde La Plata, donde un hecho terrible de inseguridad en su familia lo marcó. El último equipo que dirigió fue Ferrocarril Oeste, el año pasado. Y también fue DT de la Sub 17, donde obtuvo el subcampeonato en el sudamericano 2009. Ranchos es su lugar en el mundo, del mismo que partió hasta tocar el cielo con las manos en 1986.
Entrevista y texto: Mariano Plaza

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