Marcos Paz le hace honor a su apellido

Calles desiertas y el silencio habla demasiado. Marcos Paz hace culto a su apellido, demasiada calma, demasiado silencio. Sólo se escucha, de lejos, el andar del tren, de algún colectivo, algún motor de un auto que se traslada para seguramente algo esencial.
Una vecina pasa por la calle Sarmiento, en bicicleta: lleva en changuito en su manubrio y el carrito de bebé en el portaequipaje. Va cargada con 3 bolsas y mira hacia atrás y a los costados, pensando vaya saber en qué si casi ni tránsito hay. Es que muchos vecinos salen un poco más allá del radio de su casa para conseguir la mejor oferta; en estos tiempos de cuarentena que también es aprovechada por los vivos que suben precios en plena época de pandemia y urgencias colectivas e individuales.
La sirena de los bomberos, que generalmente rompía con los sonidos habituales en épocas de no pandemia, y hasta causaba estridencias colectivas; ya casi ni se escucha. Los pájaros vuelan más alto que nunca y las palomas se multiplican, el campanario de la Iglesia San Marcos Evangelista se escucha más nítido.
Los semáforos y lomas de burro de las calles céntricas aparecen en una escena donde hoy no cumplen con ningún objetivo para el que fueron creados. Cambió el paisaje, se modificaron los hábitos y será para siempre. Ya nada será como entonces: quien conoce Marcos Paz, sabe que la gente se saluda, se abraza, se junta en lugares públicos o en clubes para realizar alguna actividad social y deportiva. El coronavirus llegó para romper lazos sociales, pero no afectivos.

Mariano Plaza

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