Los cálculos electorales después de Massa

La limitada perspectiva que le deja esta definición de Massa a la nueva derecha argentina para desplazar al kirchnerismo de Casa Rosada, es suficiente razon para comprender que algo cambió a partir de ayer. Cualquier cálculo de votos sumados decía que si Massa y Macri se juntaan en una fórmula común, el Frente para la Victoria las tendría cuesta arriba.

En correspondencia, desde anoche el Departamento de Estado recortó sus posibilidades de mover fichas a su favor en la subregión sur del continente, donde predominan los gobiernos con mayor autonomìa respecto de Washington, al lado de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Este mapa, con una Centroamérica conmovida por las movilizaciones democráticas masivas en Guatemala y Honduras, y el resquebrajamiento del sistema político en México debido al avance incontenible del narcotráfico sobre el Estado y una población desencantada del voto, no da buenas señales a su hegemonía hemisférica tradicional.

En el orden interno, Massa se atrevió a lo que pocos esperaban, tratándose de un hombre de ideas moderadas y amigas del stablishment financiero: atacó al misterioso «círculo rojo» de los poderes económicos, el poder fáctico detrás del sistema político. La expresión «A quienes pretendieron usar su poder para empujarnos, para sacarnos de la cancha, les digo acá estamos», fue contra Macri, con el FPV, pero también contra la demanda de los empresarios que le pidieron bajarse.

Atacó en forma directa a Daniel Scioli, pero se guardó de mencionar a Mauricio Macri para no darle rango de competidor al candidato del Pro. Massa apueda a recuperar buena parte de sus 4 millones y medio de votos del 2013 y disputarle a Mauricio Macri en las próximas semanas, la cabecera de la oposición.

Se colocó suficientemente lejos de Mauricio Macri y del gobierno, como para intentar parecer distinto y propio, y no, como se le define, un desdibujado entre dos opciones opuestas.

Esa estrategia explica, quizá, lo que señalaron anoche en la televisión, algunos analistas y encuestadores: Hizo un discurso de vencendor, de candidato intacto, de víctima sin la imagen triste del victimizado, manteniendo la altura de no pelearse con los que se fueron y comenzando sus palabras a la altura del rango presidencial dejado minutos antes por la Presidenta Cristina, con la bandera de Malvinas levantada. Además, reconoció su juventud y los errores propios de la inexperiencia.

En término de estrategia mediática, logró lo que pocos logran en una campaña. Desde hace varios días los noticieros y los portales de noticias esperan por su palabra y su imagen. Ya eso es bastante para uncandidato tan desgastado en tan poco tiempo.

El oficialismo deberá recalcular sus ecuaciones de votos en la provincia de Buenos Aires, aún dando por descontado que pueda ganar con el FR y el Pro separados. La misma proyección vale para el espacio nacional de Presidente. 15% no es un guarismo menor en unas proyecciones donde la distancia entre Scioli y Macri no alcanza para llegar directo a la Casa Rosada, sin pasar por el ballotage.

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