La carta que tardó en llegar, pero se disfruta

¿Cuántas reuniones, encuentros, mesas de trabajo, estudio, despedidas, cumpleaños y demás se habrán celebrado en los espacios públicos/privados?
Si alguien tuviera un número exacto de lo que nos gusta, a los argentinos, compartir con nuestros seres queridos un momento único, por favor tenga la gentileza de acercarlo a este medio. Millones de personas entonces, en el AMBA, ya están disfrutando, lentamente y con los cuidados que requiere vivir y convivir con “la pandemia” de poder volver a sentarse en un bar o restaurante, en un contexto donde los días lindos de la primavera sean también socios de los gastronómicos que han perdido muchísimos ingresos desde que el coronavirus llegó.
En el caso de Marcos Paz, no todos los emprendimientos gastronómicos han presentado el protocolo y por lo que estuvimos dialogando con algunos dueños aún no les conviene sacar mesas y sillas a la vía pública en virtud de que en sus lugares la gente sale a “cenar” y no a almorzar. De ahí que no la totalidad de los bares y restorantes hoy sirven en la vereda, ya que cuando llega las 18, de lunes a viernes, deben cerrar el local; o bien el domingo es muy poca la circulación de gente que puede rondar hasta las 14 horas, cuando deben cerrar sus puertas.
Frente a la plaza San Martín, en inmediaciones de una cancha de tenis en Balcarce y Bme. Mitre o en el Paseo Independencia (convertido también en peatonal), sí se puede disfrutar de la nueva normalidad con los tradicionales platos y/o menúes que sus dueños propongan. En muchos casos, deben comunicarse con el celular del lugar y reservar un turno previamente, debido a que al no contar con el salón cerrado, la carta se ofrece al aire libre: bienvenidos a la nueva normalidad, el barbijo llegó para quedarse; deseamos que el virus, no.
Aunque se trate de una necesidad superficial para algunos y sustancial para otros, la carta de un bar nos propone prepararnos para un momento en el cual uno puede compartir una charla, encuentro al aire libre y por sobre todo, romper con la cotidianeidad del encierro a la que nos había sometido duramente la cuarentena. Los seres humanos necesitan sol y vitaminas de todo tipo para estar fuertes, sanos biológica y mentalmente. La distracción de romper con la rutina de casa hace bien; se extrañaba la carta que nos permite relajarnos, elegir y hacer una pausa fuera de casa, para volver y pensar que hoy, al menos, pudimos hacer otra cosa y nos encontramos con amigos o gente que hace mucho no veíamos.

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