Gustavo Osorio, formador de valores y campeones

Gustavo Osorio es un profesor agradecido de su trabajo y de los frutos que cosechó del mismo. No sólo es reconocido por ser el entrenador del lanzador de jabalina más importante de la historia argentina, el joven Braian Toledo (23), quien acaba de ser finalista en Rio 2016 y que por decisión mutua ya no entrenan juntos, sino porque también está regando el terreno y lo conserva fértil: en una nota que le hicieron al entrenador, en el diario La Nación, Gustavo sostiene que hay muchos talentos en el país y que es muy difícil captarlos, hacerlos crecer y brillar.
En lo inmediato, los logros más resonantes y como fruto de mucho trabajo de años, se encuentran su hijo Agustín, de tan sólo 15 años y la joven Bárbara López (25), la campeona nacional de jabalina. Detrás quedaron otros logros, ya que esta historia de Gustavo no nació con Braian, quien es hoy el número 10 del mundo: Mariela Aguer llegó a ser récord sudamericano de menores, y Walter Cerrezuela, fue subcampeón sudamericanos de cadetes. Todos de Marcos Paz, lugar que Gustavo resalta como la capital nacional de la Jabalina.
Hubo un momento de la nota en la que el líder de los atletas de la escuela de atletismo de Marcos Paz reconoce que no sabe si estaba preparado o no, para tantos viajes y gias con Braian. Y valora el gran trabajo que está realizando ya su nuevo entrenador, el finlandés Kari Ihalainen.
Pero siempre la vida da nuevas oportunidades, y al dolor de la separación de su segundo hijo, a quien crió durante más de 10 años como persona y en lo deportivo, se le suma que Agustín, su hijo de sangre, ya ha batido el récord nacional al superar dos veces el registro en cadetes de Toledo. Su última marca es de 66, 04 metros.
Un mes atrás, Osorio, Agustín, Bárbara y otros 34 atletas, junto a entrenadores y padres, fueron una semana de campamento a entrenarse a Mar Azul, entre médanos, viento y agua, con la arena pegándoles fuerte en las cuestas que hacían sobre los médanos. Luego de tres turnos de entrenamiento, cenaban y Osorio se encargaba de recolectar todos los celulares en una caja. El descanso sin distracciones es prioritario. Al otro día, luego del desayuno, los teléfonos eran devueltos. Para Bárbara fue su primer campamento de ese tipo. “Lo sufrí, pero me gustó. Nunca había entrenado en la arena. Subir los médanos.te la regalo”, se ríe Barbi, como le dicen. Empezó a lanzar la jabalina gracias a un esguince en su tobillo. Jugaba al fútbol, pero como no podía por su lesión, su profesor de gimnasia de entonces le tendió una jabalina para que la lanzara. Sin carrera, Barbi ganó la competencia en su pueblo, El Galpón, a 150 kilómetros de la ciudad de Salta. Se entusiasmó. Viajaba a Salta fin de semana por medio para entrenarse con Mariana Espaventa, y volvía a su pueblo. Así empezó a incorporar la técnica. Hasta que decidió quedarse en la ciudad para seguir lanzando. Se convirtió en la nueva campeona sudamericana de menores, y después de mayores, de la Argentina. A los 25 años, Bárbara trabaja como niñera por la mañana, a la tarde se entrena y por la noche estudia en el profesorado de educación física. Ahora, se aloja en la casa de los Osorio para ponerse a punto para el próximo Sudamericano.

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