Epidemias y pandemias a lo largo de la historia

Y un día, nos encontramos reducidos al ámbito de nuestros hogares, interrumpidas nuestras rutinas, alejados de familiares y amigos. Las pantallas de los televisores mostraron ciudades desiertas, donde los pocos transeúntes caminaban embozados y un día también se vaciaron nuestras calles y hoy nos cuesta reconocer a nuestros vecinos con el rostro cubierto, si por casualidad los cruzamos por la calle.
Asombro, estupor, desconcierto y un profundo sentimiento de irrealidad hace presa de nosotros…y la pregunta insistente ¿Cuándo recuperaremos nuestra vida?
Las epidemias y pandemias no son algo nuevo para la humanidad. Atribuidas a la cólera divina, asociadas a fenómenos celestes, a la presencia de ciertos grupos humanos; en fin, a un sinnúmero de supuestas causas; en la medida en que comenzamos a habitar en pueblos y ciudades, las pestes se han abatido sobre nosotros. El contacto mayor con animales, que permite el salto de las barreras entre especies de las enfermedades, el aumento de la población global, el comercio con el incremento consiguiente de la comunicación entre los pueblos; favoreció que los virus, bacterias, microbios; en fin los vectores de diferentes enfermedades, viajaran a lugares cada vez más distantes de su origen.
Con algunas de ellas, como la lepra; la convivencia era permanentemente, otras sobrevenían en oleadas a través de los siglos. Por ejemplo, la llamada “peste negra”, cuyo origen se ubica en algún lugar del Asia Central u Oriental; a través de la bacteria yersinia pestis, pasó de las pulgas a los humanos. En el siglo XIV se extendió por toda Asia, Europa, el Norte de África; y en menos de veinte años, llegaba a las costas del Atlántico matando a más de la cuarta parte de la población de Eurasia (se calculan entre 75 y 200 millones de muertos, sobre una población mucho menor que la actual).
Con la expansión colonialista de los países europeos; terribles epidemias llevadas por los invasores arrasaron América y luego Australia e islas del Pacífico; provocando a lo largo de los años una disminución de un 90 por ciento de esas poblaciones, carentes de anticuerpos para defenderse.
En tiempos más cercanos; la llamada “gripe española”, originada en 1918 en la trinchera norte de Francia, causó más muertes que la Primera Guerra Mundial (se calculan más de 50 millones de decesos sobre los 40 de esa contienda).
Nuestro país no estuvo exento de estos ataques y ya en la época independiente, el cólera y la fiebre amarilla (ninguna de las dos erradicada aún del planeta), traídas por los soldados que regresaban de la Guerra de la Triple Alianza, se abatieron sobre nosotros, atacando con mayor virulencia los lugares más poblados como la ciudad de Buenos Aires, donde los vecinos más adinerados abandonaron sus mansiones en el sur de la metrópolis para mudarse a la zona norte de la misma. (Estas viviendas darían lugar a los llamados “conventillos”, solución habitacional que ofrecía la ciudad a los miles de inmigrantes que llegaban al país, donde estas personas vivían hacinadas y en pésimas condiciones higiénicas). Los muertos fueron tantos que se habilitó el Cementerio de la Chacarita. También, se realizaron obras de infraestructura imprescindibles para la higiene y salubridad de la población como la construcción de cloacas e instalación de redes de agua corriente.
La enfermedad, si bien generalmente se ceba en las poblaciones de menores recursos, ataca a cualquiera. Como dato interesante para esta ciudad y partido que llevan su nombre; el Dr. Marcos Paz, vicepresidente de Mitre en ejercicio de la presidencia ya que éste se encontraba al frente de nuestro ejército en la guerra de la Triple Alianza; enfermó de cólera y falleció en enero de 1868. (Como consecuencia del problema originado en el país con su desaparición, se aceleró la aprobación de la Ley que establece la sucesión presidencial-N°252- ).
Pero a medida que la ciencia ha ido progresando, nos ha proporcionado elementos válidos para luchar contra la enfermedad. La creación de medicamentos como la penicilina y las vacunas han conseguido erradicar o controlar eficientemente enfermedades que antes eran una sentencia de muerte segura, tales entre otras como la tuberculosis, la viruela, la poliomielitis y el Sida.
En este momento, cientos de hombres y mujeres de ciencia, están abocados a descubrir la cura y, aún más importante, la vacuna contra el COVID 19; causante de esta pandemia que nos sumergió inesperadamente, en oscuridades medievales que creíamos superadas para siempre y que en una sociedad global, llegó a todo el orbe a bordo de los aviones que surcan los cielos del planeta.
Confiemos en ellos, que trabajan incansablemente para que, en un futuro cercano, podamos volver a abrazarnos.
Lic. Dolores de Urquiza

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