Entre lágrimas, Gustavo Osorio dijo que hubiera querido verlo clasificando a Tokio

Trece años juntos, una vida en la que confluyeron el barrio, el progreso por capacitarse y el éxito. Cuenta Gustavo Osorio, quien fuera casi su padre -Braian sólo se crió con sus hermanos y su madre Rosa-, que lo adoptó deportivamente para apoyarlo, desde el instante que se dio cuenta que el chico podía progresar en un deporte en el que Gustavo también se estaba perfeccionando, allá por el 2003, cuando apenas Braian tenía 9 años. En una nota exclusiva con Hora de Informarse, Gustavo contaba que una vez Braian se había golpeado “la espalda, cuando era muy chico, en un lanzamiento fallido en la pista de atletismo del barrio de La Trocha. Allí fue cuando siendo un niño, se fue llorando a su humilde casa del barrio Martín Fierro porque se había frustrado. Lo fui a buscar, la convencí a la madre que no se volvería a lastimar y que de hecho no era nada grave. Me hizo pasar, hablé con él y de ahí cambió su vida para siempre, nos hizo muy felices a todos”.
Tal es así, que desde ese entonces, Braian empezó a alimentarse mejor (era muy delgadito pero espigado) y participó de cuanta competencia interescolar y provincial pudiera. Siempre obediente, pegadito a Gustavo: “Viví con el un proceso, con la formación motriz y en todas las etapas cronológicas del niño. Hemos participado de eventos locales e interescolares, torneos Evita, Bonaerenses, tenía muchas ganas de aprender. Mis hijos se criaron con él y Agustín fue medallista olímpico porque se criaron con él”, señaló consternado Gustavo, un día después de su fallecimiento.
-¿Qué recuerdos tenés de Braian, cómo lo definirías como persona y deportista?
-Conmigo fue un gran compañero, siempre fue muy trabajador, disciplinado, respetuoso, en función de un aprendizaje técnico que era el lanzamiento de la jabalina, fue siempre fue muy solidario y con ganas de superarse constantemente. Siempre estuvo pegado a mí, siempre esperándome, qué hago ahora profe?, -narra Gustavo-. En tantos viajes en todo el mundo, fueron 13 años de trabajo y logramos juntos estar entre los top del mundo”, cuenta con orgullo y lágrimas Gustavo; ya que todo el mundo del deporte supo que se necesitaban y se amaban; que uno no hubiera podido crecer sin el otro porque se había generado una sincronía muy especial, única.
-¿Cómo era con los demás atletas, cómo se llevaba en general con el mundo del deporte, qué opinaban de él?
Si bien era introvertido, socialmente era una persona muy educada y ubicada. Tenía afinidad con atletas, conmigo era muy trabajador. La verdad que es tremenda la noticia y tenía tanto por hacer y me hubiera gustaro escuchar que se clasificaba a Tokio. Pasaron 4 años que no está conmigo, yo estoy muy triste y quiero acompañar a su familia en Marcos Paz.
Gustavo atendió apurado y consternado uno tras uno de los llamados de los medios. Se disculpó por demorar su respuesta, antes de subirse al avión que lo trasladó desde San Pablo a Buenos Aires, para darle el último adiós a quien fuera su pupilo; llegó hasta el velatorio en su casa de Martín Fierro junto a Candy, su mujer, y sus hijos. Estaba quebrado, más allá de que en los últimos años se habían distanciado muy fuerte con Braian. Pero 13 años de amor incondicional y mutuos son más fuertes, serán eternos. Uno se necesitó del otro para ser quienes son hoy. Hasta siempre, Braian, el deporte pierde a un gran valor y se va una gran persona, un pibe que se mereció seguir cumpliendo más sueños.
Mariano Plaza

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