En los caminos de la vida se cruzaron Diego y Braian, ídolos para siempre

Por Mariano Plaza:

Ya nada será igual en el mundo del fútbol. Diego Armando Maradona era mucho más que un extraordinario futbolista que ha sabido expresar sus dotes de hombre solidario, proveniente de un sector muy popular de la sociedad. Pasó hambre y necesidades, se levantó y venció a las adversidades constantemente. Diego tenía, en el imaginario social, todo lo vinculado a la figura del líder carismático y popular; porque en su personalidad se le destacó el plantarse ante los más poderosos y ser más accesible ante quienes necesitaban una mano, gesto, o palabra del Diez.
De ahí que en equipo que jugó, siempre peleó por los premios o reconocimientos de los futbolistas; soñó también presidir la FIFA para romper con la hegemonía del poder a quienes cuestionó ferozmente de corrupción en la etapa Joao Havelange (Presidente) y ¨un tal¨ Julio Grondona (vicepresidente). Los jugadores actuales y los de su generación lo aman por esa rebeldía, por mostrar los dientes donde nadie se animaba a hacerlo.
Cuenta la historia, en el libro que sabiamente supo narrar Daniel Arcucci -El co-autor, junto al propio Maradona, del libro “México 86, Mi Mundial, Mi verdad”-, con relatos en primera persona del astro del fútbol mundial, que el mismo Diego se peleaba con los directivos del Nápoli para venir a entrenar, previo al mundial de México 86 (donde todos alcanzamos esa gloria eterna), en amistosos y decir presente en las Eliminatorias de aquél campeonato, donde Argentina era duramente criticada y cuestionada por su rendimiento. El 10 se pagaba los vuelos particulares de su bolsillo, aún no estando autorizado por el Nápoli. “Si jugábamos el miércoles, el jueves al mediodía ya estaba de vuelta en Nápoles”, recordaba textual Maradona. Y para colmo, haciendo memoria, Argentina entró por la ventana a aquél mundial donde termina consagrándose: gol de Ricardo Gareca (centro de rastrón de Daniel Passarella) y gol a Perú, agónico. Después, en el Estadio Azteca, en la final versus Alemania, aparecieron las banderas más famosas de aquél entonces: “Perdón Bilardo”, decían. “Una vez, jugando amistosos en Italia previo al Mundial de México, alguien del Gobierno de Raúl Alfonsín llamó a la concentración argentina porque pedían la renuncia inminente de Carlos Salvador Bilardo. Yo les dije que si renunciaba él, renunciaba yo”. Fuerte y contundente respuesta de Maradona ante el poder político, siempre manteniendo esos valores de fidelidad hacia quien le dio la cinta de capitán del 86 y que de a poco, en el peor predio para concentrar de todas las selecciones (América de México), entre todos construyeron el sueño que tanto anhelaba Diego de niño; ser campeón mundial…
Quizá tenga su vida todos los compuestos para generar la figura del héroe que pudo sobreponerse a la mala vida económica o la pobreza; que pudo salir airoso de tantas intervenciones médicas vinculadas a su corazón y adicciones a las drogas; que pudo saber volver varias veces a entrenar y jugar, luego de quedar en “off side” al detectarle dóping positivo. Que luchó siempre para darle una mano a los más humildes, como en aquel partido en las afueras de Nápoli, donde Diego se llevó a todo el equipo y jugaron un amistoso en una cancha embarrada, sabiendo que todos podían lesionarse: el fin era darle una mano económica a un niño que la estaba pasando mal y no tenía cómo pagarse una operación.
Así era Diego, el abanderado de los humildes y quien puso fin a la falta de respeto, por ejemplo, entre Italia del norte (rica y poderosa) y la del Sur (con más carencias, corrupción y con una economía primaria).
El equipo ganó sus únicos dos scudettos de la mano de D10S en 1986/87 y 1988/89. También obtuvo  la Copa Italia 1986/87, la Copa de la UEFA 1988/89 y la Supercopa 1990. Ya no era el equipo discriminado donde siempre que un napolitano pisara el norte irónicamente les decían “bienvenidos a Italia”. El ídolo que nació en una villa sólo conocía Europa en aquel paso por el Barcelona, donde se lo recuerda mucho más por las patadas que recibió que por el fútbol (más allá de sus golazos). Diego llegó a Italia torcer la historia de un club y de un pueblo que lo ama, como el nuestro. El Estadio San Paolo, pasará a llamarse, luego de la pandemia, “Diego Armando Maradona”.
Esa popularidad y adherencia de todo el planeta, en épocas donde no había redes sociales, donde para verlo jugar en vivo había que tener la suerte que un canal de TV transmitiera al Nápoli, donde los árbitros no protegían tanto a los habilidosos como ahora, hicieron generar un cariño único en el mundo, que se rindió a sus pies expresando el dolor por el fallecimiento. No fue todo color de rosa, eso sí. No fue una vida como quienes algunos dicen “ejemplar”. Pero Maradona, ¿tenía que ser el “ejemplo” de varias generaciones? ¿Dónde estaba escrito? ¿Por qué se le pedía al 10 lo que muchos de nosotros no pudimos cumplir? ¿Tenía una obligación con la sociedad o terminó con su vida como él quiso? ¿Perjudicó a mucha gente en su vida o lo hizo con él mismo? ¿Por hablar de más y contradecirse en varias ocasiones, era peor o mejor persona? ¿Quiénes lo conocieron puertas adentro para opinar y dar cátedras de moral y buenas costumbres criticando a Maradona?

UNA VEZ, DOS GRANDES
SE CONOCIERON…
BRAIAN TOLEDO, QEPD, fue quien fue gracias a su humildad, sacrificio y bondad para nunca, olvidarse de sus orígenes. En 2010, Braian había tenido un año espectacular en lo deportivo y fue quien al finalizar el año, se llevó el Olimpia de Plata en atletismo. Allí fue cuando el chico de Marcos Paz, junto a su ex entrenador Gustavo Osorio, se acercaron al 10 y se fotografiaron en una imagen para el recuerdo eterno. Los dos de origen humilde, de un corazón grande como el cielo que los recibió por la puerta grande, en la gloria inmortal de los ídolos para siempre. Mariano Plaza

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