Denuncian maltrato en un taller

Días atrás, una joven despachante de aduanas denunció al funcionario Moreno por haberla amenazado y maltratado. Quizá en este momento sea una lucha de David contra Goliat, pero no olvidemos quién fue el campeón de la historia.

    La actitud de esta mujer, me llevó a reflexionar y a replantearme el silencio que había decidido mantener acerca de un incidente ocurrido en esta ciudad, afortunadamente menos extremo, pero que se halla enmarcado en un modo de actuar que parecería que se está haciendo costumbre en algunos funcionarios. Paso a relatar los hechos.

    Hace unos meses, concurrí como integrante de una asociación sin fines de lucro de la ciudad, a una capacitación para organizaciones no gubernamentales, a cargo de la Subsecretaría de Articulación Territorial del Ministerio de Desarrollo Social Provincial. Era una noche extraordinariamente fría y todos los que allí estábamos, lo hacíamos sacrificando tiempo y comodidad para realizar un servicio a nuestra comunidad. Fuimos muy bien recibidos por las autoridades de nuestro municipio y luego de una charla de información general a cargo de un funcionario provincial, pasamos a las aulas para asistir al taller que cada uno había elegido. No nos explicaron el motivo, pero dos de los talleres (justamente los que tenían relación con lo administrativo) se unificaron, con lo cual, el tiempo acordado quedaba reducido a la mitad. Escuchamos a la primera disertante, quien hablaba a toda prisa y llenaba el pizarrón de flechas y carteles. Cuando tocó el turno de la segunda, la situación se tornó insoportable, tanto que hubo gente que se retiró. Esta Señora, desde un tuteo absolutamente inadecuado y descalificante, se negó a responder preguntas, a las que denominó despectivamente “chiquitaje”, se burló de los presentes haciendo observaciones tales como “no sé si se enteraron que hubo elecciones”, se refirió de manera grosera a la persona que había redactado nuevas planillas, haciendo un paralelo entre la complejidad de las mismas y las características de carácter de dicha funcionaria. Todo esto en medio de ademanes exagerados  ante el estupor de los allí presentes. Tanto mi compañera como yo, salimos sin aclarar ninguna de las dudas que nos habían llevado a asistir a la reunión, con la sensación de haber perdido nuestro tiempo y lo que es mucho peor, de estar pagando el sueldo de una funcionaria que se había dedicado a maltratarnos.

    Conversando luego con el compañero que concurrió a un taller diferente, supimos por él que allí,  todo había transcurrido en un clima amable. Evidentemente, no todos son iguales, pero creo que, más allá de la idoneidad de la persona que se envíe para dirigir un taller,  ésta debe tener un trato respetuoso con los asistentes.

   Considero que muchos o quizá todos los que integramos esos dos talleres, estarán de acuerdo conmigo en la molestia que sentimos por vernos tratados de esa manera. Lamento que el esfuerzo realizado tuviese en nuestro caso tan mal fruto.

 

Lic. Dolores de Urquiza

 

L.C. 6178396

 

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