Carta al Pueblo de Marcos Paz

De mi mayor consideración:
Más allá de momentáneas consecuencias, siempre resulta sano para el acervo de la identidad nacional recordar quienes somos. Durante varias décadas la Argentina oficial negó como parte de esa identidad la existencia y la vigencia de los pueblos originarios. Guaraníes, Quechuas, y Mapuches, por solo citar los más populares, fueron considerados pueblos extinguidos y poco menos que extranjeros.
Por las venas de muchos compatriotas circulan porcentajes diferentes de sangre indoamericana, mezcla con la europea y, en menor medida, asiática o africana. De allí que no puede resultar antipático o inútil recordar y homenajear a los Pueblos Originarios con la imposición de su nombre a algunas calles de Marcos Paz. Es un acto de reafirmación de identidad. De homenaje a nosotros mismos.
Sin embargo, y como siempre, ni el fin justifica los medios, ni el fondo puede prescindir de las formas. Aquí en Marcos Paz, como en casi todas las ciudades del país algunas plazas, calles y caminos permanecen sin nombre. Sobre todo estos últimos. Entonces, ¿para qué cambiar el nombre de una calle que ya lo tiene? ¿Por qué no “bautizar “ las que carecen de nombre o denominación?
Conocidas son las dificultades que implica llegar a una calle cuyo nombre no figura en el mapa y a la que ningún vecino identificará durante un prolongado tiempo. Menos conocidas pero aún más graves resultan las angustias de los vecinos de la calle destinada a cambiar el nombre, ¿Me llegará la correspondencia? ¿Mi título de propiedad sirve o debo cambiar mi escritura? ¿Debo actualizar el DNI? ¿Figuraré en el padrón para poder votar? ¿Tendré que hacer trámites para cambiar mi carnet de obra social, jubilación y registro de conducir?. No son cuestiones menores, afectan a personas de carne y hueso que vive hoy y respetan la historia, pero que no “ funcionan cotidianamente con ella?.
Por último, la historia y la identidad la “hacemos todos”. Los que consideramos buenos y los que llamamos malos. Los que se identifican con nuestra forma de pensar y los que situamos en la vereda de enfrente. Los Roca y Los Mapuches. Los Federales y Los Unitarios. Los Españoles conquistadores y los Criollos independentistas. Los Radicales y los Peronistas. Los Conservadores, los Socialistas y los Comunistas. El campo y la ciudad. El interior y el puerto.
Tal vez cuando comprendamos esto cumpliremos el sueño de Alberdi de ser una Nación. Cuando tengamos la capacidad de anticipar las consecuencias para el otro de cualquier iniciativa propia, habremos avanzado en la idea de vivir en SOCIEDAD.
Porque es malo olvidarnos del pasado, pero peor es complicar el presente y aún más sembrar discordia para el futuro……….Aunque en estos tiempos esté de moda.
Con el afecto y compromiso de siempre. Adolfo “Fito” López

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