Agustín Osorio, a días de los JJOO para la Juventud, entrevistado por “Viva”

Ni el campeón mundial Johannes Vetter, ni el multipremiadoLanzador de jabalina. Agustín Osorio, de Marcos Paz, provincia de Buenos Aires. /Foto: Ariel Grinberg. velocista jamaiquino Usain Bolt. Al lanzador de jabalina Agustín Osorio (17) lo desvela la figura épica de Aquiles, el más veloz de los héroes de Troya: “Me identifico con él porque decía que quería quedar en la historia y yo tengo el mismo deseo”, explica el joven atleta que sueña con la trascendencia en los próximos Juegos de la Juventud pero mucho más allá también.
A Osorio no le toca ir a la guerra, pero desde hace años que todos los días le da batalla a su cuerpo y a su espíritu con voluntad sobrehumana: “En este nivel te tenés que exigir cada vez más. El entrenamiento de pesas es muy fuerte y las horas de práctica técnica son muy duras para la musculatura. Quedás todo dolorido. Después hay que tomar sesiones de kinesiología, masajes, consumir vitaminas. Esta es mi vida y mi rutina incluso para después de los Olímpicos porque yo pienso en el 2020 y el 2024 también”, dice.
Motivación no le falta, tiene entrenador full time puertas adentro. Se trata de su padre, Gustavo Osorio, quien fuera el coach de Braian Toledo (la figura más prominente de la Argentina en esta disciplina): “Ya de chiquito yo jugaba en la pista. A los diez años, lo miraba fascinado a Braian. El siempre me alentó a competir duro y a ser firme, a tener cabeza de atleta”, cuenta. Tras el éxito de Toledo, la casa de los Osorio se convirtió en el epicentro de lanzadores de todo el país interesados en aprender la técnica de la jabalina: “A veces hasta duermen en mi habitación. Nos levantamos temprano y vamos a entrenar. Es muy bueno que haya tanto interés porque eleva mucho el nivel”, opina Agustín con optimismo.
Los Osorio no sólo conviven y comparten cada entrenamiento, sino que andan juntos por el mundo: Kenia, Sudáfrica, Ecuador y Brasil fueron sólo algunos de los destinos donde fueron convocados para competir. Agustín asegura que tanto apego filial no es un problema. “En la pista soy un atleta más y en casa, el hijo de mi papá. El es muy exigente con todos por igual. Y fuera de los entrenamientos tratamos de no hablar de deporte”, asegura. Sin embargo, a la hora de imaginar la consagración, el amor es incapaz de discriminar entre el padre y el coach: “No soy de soñar, pero me encantaría darle la medalla de oro a mi papá. Todo lo que hago y soy es gracias a él, y sería una forma de devolverle todo lo que hace por mí”.
-Revista Viva, Grupo Clarín-

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