Adiós a un grande de Marcos Paz: Ricardo Cal

Cuando en Marcos Paz se festejaba el día del padre, me llegó la ingrata noticia de la muerte del SEÑOR (así con mayúsculas) Ricardo Cal, que fuera
a mediados de la década de los 70´
presidente del gremio ferroviario La
Fraternidad, que nuclea a los
conductores de locomotoras.
Don Ricardo fue un ejemplo de
dirigente sindical que muchos hoy
tendrían que imitar. Le tocó presidir
un gremio que siempre fue ejemplo
de disciplina gremial y en donde la
política (por ese entonces) quedaba
de lado, al menos de la puerta del
gremio para afuera, sólo se
intervenía cuando se tocaban los
intereses de los representados.
le tocó lidiar en los peores
momentos de la vida institucional del
país, como fue el golpe del año 1976,
estando al frente del gremio
fraternal encarando con firmeza y
actitud (junto a otros compañeros)
la no intervención de La Fraternidad
por parte de los militares.
Fue una persona honesta en todo
el sentido de la palabra, ¿de cuántos
hoy se puede decir lo mismo?. Vivió
y murió en su casa modesta en la
ciudad de Marcos Paz, siempre con
la cabeza en alto y querido por
todos, por ser siempre como fue:
leal a sus principios y defensor a
ultranza del medio de transporte
ferroviario.
Ricardo Cal, murió a la edad de 85
años, había nacido en el año 1923.
Fue Instructor de locomotoras y
Presidente de la Seccional Villars del
gran Cia. General Buenos Aires. Fue
vocal del gremio La Fraternidad y
Presidente del mismo entre los años
1975/1977, año en que se jubiló.
En sus última etapa de la vida, Don
Ricardo escribió, siempre arraigado
a su contexto sociocultural y
político ”Ferrocarriles en el mundo”,
“El chico de la cara sucia”,”Historia
de Villars”, “Historia del Peronismo”
y “Lágrimas en el cielo”. En Villars lo
homenajearon en vida, cuando el
Intendente de General Las Heras
Juan Carlos Caló decidió que la
biblioteca de este pueblo adopte su
nombre, que siempre será recordado
por la familia ferroviaria; los alumnos
de la Escuela Técnica Nº1, quienes
lo homenajearon con un busto por
ser el ideólogo y asesor de la
restauración de la Locomotora La
Poderosa (en la estación ferroviaria
local) y todo Marcos Paz, que lo
querrá para siempre.
«Sos china el ferrocarril donde yo
paro la olla y sos la mecha que se
arrolla en el pico del candil.
Sos la sonrisa burlona que asoma
en el nivel, sos la llanta en el riel,
que hace mil garabatos y aquella
yunta de gatos grandes y perezosos.
Sos el vaivén de las crucetas y los
pesados sectores y también los
purgadores para espiantar los
sotretas.
Cuando estás muy enojada sos
como plasta en el horno, como llama
de retorno y como rueda planchada;
como un completo carguero con las
prensas reventadas bajo los soles de
enero.
Sos la escobita rabona, indiferente
y apática y sos la fuerza hidrostática
con que el patente funciona.
Sos la única soberana con tu escape
armonioso, con tu silbato fogoso que
despierta al vecindario. El humo es
penetrante y el reflejo del hogar que
te hace pestañar cuando pasas el
gancho. Hay que palear sin cargarte
demasiado, livianito adelante, pero
atrás bien cargado.
Siempre atento a los pormenores
hasta llegar a la meta, con prisa y
atención para la próxima parada. Ya
llegamos a la estación, la señal está
baja, la verde en el andén,
contraseña del furgón, firme el agua
y la presión. Para continuar el
recorrido, la vía
libre en el arco,
las tomas con
a t e n c i ó n
porque es la
autorización
hasta la
p r ó x i m a
parada…»,
relata Ricardo
en un
fragmento del
poema a la locomotora
de
vapor, en su libro
«Ferrocarriles
en el Mundo
»…Gracias
por todo, y por
tratarme con
tanto cariño,
son palabras de
Marianito, como
tan paternalmente

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