A treinta años del horror, dos ex combatientes de Malvinas recuerdan la guerra con dolor y respeto

Después de treinta años desde la rendición de nuestros soldados argentinos en la guerra de

Malvinas en 1982, que ocuparon las islas el 2 de abril y se enfrentaron a las tropas de Gran Bretaña, dos de los ex combatientes, Carlos Catrilef (CC) y Celestino Moreno (CM) dialogaron en exclusivo con este medio.

En la actualidad ambos forman parte del Centro de Veteranos de Guerra de Marcos Paz (reubicado en Feijóo y Rivadavia). Los hombres recordaron aquellos tiempos, vivenciaron hechos y reflexionaron acerca del desastre bélico que se cobró la vida de más de 632 hombres de nuestro país (principalmente jóvenes de 18 años), incluyendo las víctimas del crucero General Belgrano.

Parece que recién ahora pueden ver lo que ocurrió de una manera más clara y serena que en aquel entonces: el pasar de los años hizo que los protagonistas y héroes de esta contienda puedan tomar una posición más madura hablando del sufrimiento y caos que ocurría en aquellos días del año 82, en que la Argentina se encontraba en manos del gobierno de facto del militar Leopoldo Galtieri, quien como casi todos sabemos, para contener el fuerte descontento popular con la situación política y económica, intentó desviar las tensiones declarando la guerra a Gran Bretaña por la soberanía sobre las Islas Malvinas.

“Para nosotros el 2 de abril siempre fue una fecha muy importante, trae muchos recuerdos y nosotros desde el Centro de Veteranos de Guerra siempre tratamos de mantener la memoria viva y recordar a nuestros héroes caídos en Malvinas, más allá de que todos los años seguimos haciendo la misma rutina de ir a dar charlas a las escuelas. Este año igual teníamos la ilusión de terminar el museo en el antiguo San Camilo que nos cedió el municipio, pero no pudimos por razones de dinero y tiempo. Para nosotros es un orgullo haber estado en las islas y haber defendido a la Patria, pero nos trae mucho dolor por haber perdido compañeros en la guerra”, comenzó diciendo Carlos, que se desempeñó como soldado de la fuerza aérea argentina y que afirma que siguen juntándose y manteniendo contacto entre compañeros de guerra.

Los veteranos de guerra de la ciudad de Marcos Paz son treinta, pero quienes participan de las reuniones y pagan la cuota mensual en realidad son quince. Con el aporte de ese dinero y la ayuda del municipio planean seguir trabajando en el museo para que se puedan hacer visitas guiadas y todos vean y entiendan mejor de que se trató la guerra de Malvinas, a través de muestras fotográficas, municiones, cascos y uniformes que rescataron de Malvinas: “La idea es mostrar con imágenes u objetos lo que fue haber vivido una guerra, que fue una experiencia traumática y no se justifica por más que sabemos que las Islas Malvinas son nuestras, que nos pertenece y el reclamos es válido, por eso es importante mostrarlo de esa manera, para rendirle homenaje a nuestros compañeros caídos, y mostrar como vivíamos, los que nos daban para comer y para pasar el frío. Por este año suspendimos las visitas porque comenzamos con el trabajo duro de la obra del museo”, contó Carlos.

– ¿Cuál fue la causante de aquella guerra, era necesaria?

– (CC) Yo creo que la guerra fue una decisión de un gobierno de facto que lo único que hizo fue arruinar treinta años de diplomacia. Yo llegué a las islas el 3 de abril, lo primero que me impresionó fue que existía Encontel (el correo de ese momento), el gas del estado, e YPF y las islas tenían mucha relación con el continente, por lo cual se podría haber llegado a conseguir la soberanía de las islas de otra manera. El gobierno militar decidió tomar las islas como un manotazo de ahogado de un gobierno de facto que ya se venía cayendo que como una decisión de recuperar algo legítimamente, nada justifica la guerra. Ellos argumentan que hacía 150 años que estaban ocupadas y que necesitaban sentar un precedente de que había un espacio soberano argentino en el lugar, ese es su argumento de aquellos tiempos. Comparto lo que está haciendo la presidente hoy en día de reclamar firmemente pero con diplomacia, otros medios que no tienen que ver con la fuerza y la violencia.

En cuanto a los recuerdos, Celestino cuenta que lo primero que siempre se viene a la mente son los compañeros “yo estuve en la segunda línea, éramos 120 divididos en cuatro grupos y en uno de los lugares murieron seis compañeros, nosotros estábamos al respaldo de ellos, y ese es el recuerdo que a uno le queda en la cabeza”.

Según el relato de Catrilef, el reencuentro con compañeros “fue tan fuerte el lazo que se generó en esa situación, que es como si te volvieras a reencontrar con un hermano o un familiar después de mucho tiempo, se generan relaciones tan firmes y unidas que querés seguir viéndote con los compañeros, se ha formado un lazo que no se rompe, lo que vivimos hizo que se de un lazo indisoluble por haber compartido las mismas vivencias y la situación de riesgo, uno se ve reflejado en el otro”.

– ¿ Por qué creen que el gobierno de Galtieri, en su momento agitaba las banderas triunfalistas convocando al pueblo a la Plaza de Mayo, simulando algarabía y

emulando el típico festejo de un mundial de fútbol ganado? Cuando todo terminó en sangre y dolor para nuestro pueblo…

– (CC) Yo creo que se lo utilizó políticamente. En una guerra la primera víctima es la verdad, y lo que hizo el gobierno de facto fue engañar a la mayoría del pueblo al principio con algo que todos deseábamos que fuera nuestro, diciendo que íbamos ganando, que éramos los mejores y que estábamos mejor preparados. Decían que estábamos muy abrigados, que éramos los mejor comidos y la realidad es que allá muchos muchachos estaban con ropa de verano, muertos de fríos, comían una sola vez al día y si comían, porque no había vehículos para transportar la comida.

Lo malo de todo esto es que todavía no se terminó de juzgar a los que realmente tomaron esa decisión, porque llevaron gente a matarla de hambre y de frío, era un lugar al que no se podía entrar, no había vehículos para eso. El terreno era tan fangoso que los tanques de esa época (tanques argentinos livianos)  que tenían ruedas como las de un auto o un tractor y cuando llegaban al terreno se enterraban y nunca salían de la ciudad.

“Hubo muchos chicos congelados y muertos de hambre, el objetivo de la guerra fue seguir engañando a la ciudadanía y no hacer lo que nosotros fuimos a hacer allá. Algunos tal vez estaban más preparados que nosotros, como los de infantería marina, pero en su mayoría no, y fueron trasladados desde el norte a las islas con ropa de verano”, dijo uno de los ex combatientes.

Tanto Carlos como Celestino (actual vicepresidente del Centro de Veteranos de Guerra), coinciden en que el gobierno democrático nacional que más valoró y reconoció económicamente a los ex combatientes desde la finalización del conflicto bélico, fue a partir de la presidencia de Néstor Kirchner, en el 2003; aunque aclararon que los mismos soldados conscriptos fueron los que iniciaron la lucha por ser reconocidos: luego del stress post traumático de la guerra se empezaron a juntar, formar centros de veteranos que empezaron a trabajar y reclamar por sus derechos. Todo fue un proceso lento, el reconocimiento de los soldados no ocurrió de un día para otro, y hay muchos que aún no pudieron recuperarse de lo ocurrido en aquel año en las Islas Malvinas, y se fueron entregando a distintas adicciones, llevándolos a la muerte. También el cabo primero José Romero, marcospacense, murió caído en combate, en el Crucero General Belgrano.

Al 2003 ya eran 600 los veteranos de guerra que se habían suicidado, “fue todo un proceso, es mérito decir que Néstor Kirchner fue quién abrió la puerta, pero siempre se le reclamó al Estado que atendiera las necesidades de los veteranos, y a partir de su gobierno comenzó a revertirse la situación”.

Catrilef contó que una vez que la guerra había terminado, muchos soldados argentinos cayeron prisioneros en manos de los británicos, les sacaban las armas y se llevaban el cuero de las correas, “yo estuve prisionero una semana en un campo de concentración que vendría a ser el aeropuerto, a los que estaban en el frente trataron de sacarlos enseguida en barcos ingleses y a nosotros que tardaron más en devolvernos al continente nos fueron llevando a distintos lugares, estuve casi una semana tomando agua, porque no te daban nada”. Mientras que Moreno fue trasladado ni bien finalizó la contienda ya que sufrió de congelamiento en los pies, y lo mandaron en un buque hospital argentino. Esta patología de “congelamiento del pie de trinchera” fue la más común, y no existía desde la primera guerra mundial en 1914.

“Mientras estábamos prisioneros muchos soldados ingleses te hablaban y se reían porque nosotros no eramos soldados a sueldo como ellos, te preguntaban: por qué peleas? Y nosotros contestábamos: para defender a la Patria. Y ellos se mataban de risa”, narraron los muchachos.

El padrón de ex combatientes es de aproximadamente 21 mil soldados argentinos que arriesgaron su vida en la gran contienda bélica contra Inglaterra. Según cuentan los entrevistados, el gran error fue la pésima organización y la falta de preparación de los jóvenes que fueron enviados a pelear por nuestra Patria.

– ¿Se sintieron patriotas o rehénes de un poder de facto por haber defendido lo que fue parte de nuestro territorio?

– (CM) Yo después que vine de Malvinas no quería saber nada, estuve dos meses encerrado y no quería hablar con nadie. Recién cuando se formó el centro empezamos a hablar un poco de lo que pasó.

– (CC) En algún punto lo que hicimos fue cumplir con lo que la ley nos marcó y fuimos víctimas de la dictadura también, somos de la generación de La Noche de los Lápices. Yo me he sentido víctima, realmente no quería estar haciendo el servicio militar. Luego de finalizar la escuela secundaria, a los 18 me tocó ir a Comodoro Rivadavia a hacer el servicio militar (enero), y el 2 de abril ya estaba peleando en una guerra en Malvinas.

Carlos Catrilef también contó que en su experiencia personal nunca sufrió abusos ni maltratos de sus superiores, ya sean suboficiales y oficiales. La cantidad de soldados muertos en la guerra en relación con la cantidad de oficiales y suboficiales caídos fue tres veces superior.

A su vez opinaron de los conscriptos que quedaron en el continente sin ir a pelear a la guerra y que reclaman los mismos derechos que los que sí estuvieron luchando en Malvinas: “Yo no estoy de acuerdo en que reclamen, porque ellos estaban en el continente, dormían y comían bien, se levantaban a la hora que quería. Está bien que sean reconocidos pero no como a nosotros”, expresó Celestino, mientras que Catrilef agregó que empezaron a reclamar después de veinte años, cuando empezaron a aparecer beneficios económicos, “si hay que darle beneficios a los que se quedaron en el continente que queda para los que murieron allá, para los que quedaron mutilados y se cagaron de frío allá”.

Al cierre de esta interesante y conmovedora charla, se les preguntó si creen en la posibilidad de que en algún momento Argentina pueda recuperar la soberanía de las Islas Malvinas, y ambos concuerdan en que puede llegar a ocurrir, pero de manera diplomática, “el tema de Malvinas tiene que ser una cuestión de Estado para que se puedan recuperar, los cambios de gobierno siempre hace que las políticas se cambien pero si más allá de eso, todos se ocupan de reclamar con firmeza e ideas nuevas tal vez se pueda lograr, los habitantes de allá tienen miedo porque no saben si mañana viene otro loco a tomar el gobierno y se les ocurre invadirlas de vuelta”.

 

Nadia y Mariano Plaza

 

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