La increíble historia de Maxi Matto, un ejemplo de vida

Ante historias como la de Maximiliano Matto está quien pasa su vida maxi maxi00 maxi1 maxi2 maxi3 maxi4 maxi5lamentando su mala fortuna o quien, como él, intenta superarse día a día a pesar de las dificultades.
El joven de 22 años nació con agenesia de miembros inferiores y miembro superior derecho (según el diccionario, «falla de una parte para desarrollarse o crecer»), vejiga neurogénica y escoliosis congénita. Con un solo brazo y un diagnóstico de «discapacidad severa», actualmente no sólo se vale por sí mismo sino que forma parte de la selección argentina de natación, vive en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD) con otros 300 deportistas y compite para el Club River Plate.
Bien podría decirse que Ezequiel Maximiliano Matto pasa la mitad del día en el agua. Es que entrena de lunes a sábado, llueva o truene, un total de 45 horas semanales: casi dos días completos. «En el agua me siento libre, soy un pez», afirma este chico de 22 años que actualmente es noveno en el ranking mundial y récord sudamericano en la categoría 50 metros pecho Swimming Breakstroke 2. Y, como si fuera poco, apenas le quedan 12 materias para recibirse de abogado en la Universidad Siglo XXI. ¿La rama a la que quiere dedicarse? Acceso al deporte para las personas con discapacidades.
En el marco de las Jornadas Interdisciplinarias que se llevan a cabo hasta septiembre en la institución, Maximiliano hoy fue panelista invitado en el «Taller actividad física en condiciones crónicas y discapacidad», que se realizará en el aula EF del hospital Garrahan, del que fue paciente desde sus siete meses de vida. En el encuentro habló de su experiencia y de cómo su paso por el Garrahan, su proceso de rehabilitación kinésica y la importancia que se da en la institución a la actividad física lograron que se convirtiera en el gran deportista que es hoy.
«Maxi ingresó a nuestro hospital siendo un bebé y, desde entonces, nos enorgullece con cada emprendimiento que realiza. A pesar de las dificultades generadas por su patología, también socialmente se encontró con barreras que aprendió a superar, tanto en el crecimiento deportivo como en el desarrollo de su personalidad para afrontar el futuro», afirma la jefa de Clínica del Área de Rehabilitación del Servicio de Kinesiología del Garrahan, Susana Buceta.
En tanto, la jefa del servicio de Crecimiento y Desarrollo, Virginia Fano, destacó la importancia del deporte para los niños con discapacidades: «Buscamos que a partir de la actividad física cada niño se integre y logre actuar con sus pares ya sea en la escuela, jugando a la pelota, en una plaza, y en cualquier ámbito sin que haya restricciones». La rehabilitación kinésica complementada con actividad física, se sabe, potencia favorablemente los resultados del tratamiento.
El servicio de Kinesiología del hospital realiza unas 40 mil sesiones de tratamiento físico y rehabilitación kinésica al año. Se trata de un espacio equipado como un gimnasio especial donde se atienden chicos de distintas áreas y complejidad, tanto ambulatorias como de internación. Las patologías motoras que más se tratan son osteogénesis imperfecta, acondroplasia, malformaciones congénitas, pacientes con parálisis cerebral, malformaciones vasculares, neuromusculares y otras.
Libre como un pez
Maxi empezó a nadar de tan chiquito que ni siquiera tiene recuerdos de sus primeras incursiones en el agua. Los médicos del hospital recomendaron a la madre, Mónica Melian -46 años, empleada administrativa en el municipio de Marcos Paz–, que comenzara matronatación. Así, con apenas meses de vida, supo que era el medio donde podía sentirse libre. Y, además, lo beneficiaba: «Sobre todo por la escoliosis congénita, por la columna, para que no continúe desviándose. Es el único deporte en el que no tengo barreras porque en el medio terrestre un poco se me complica».
La kinesióloga Susana Buceta, que trata a Maxi desde siempre, explicó que tienen que «colaborar y trabajar desde las diferentes especialidades» para ofrecerles a cada uno de sus pacientes «las herramientas necesarias desde la salud para que puedan lograr sus aspiraciones». En el caso de Maximiliano, la natación pasó de ser una actividad física que mejoraba su tratamiento para convertirse en un deporte tan importante para él que, actualmente, viaja al menos tres veces al año a competir en otros países. Su último logro fue la medalla de oro en Juegos Parasuramericanos de Chile, en marzo de este año.
«Yo creo que todo en la vida se puede si uno se lo propone. Hay que aprender a soñar y hay que ponerse objetivos. Trabajando, con esfuerzo y sacrificio, todo se logra», afirma Maxi con una sonrisa tan grande como su cara, y luego explicó su método: objetivos a corto y a largo plazo. Ahora entrena pensando en una competencia en Mar del Plata a fin de año, un torneo convencional donde compite contra su propia marca.
Pero el sueño –»que no es inalcanzable, porque todo es posible» se lo roba el Panamericano de mayo de 2015, en Toronto, Canadá, donde necesita conseguir un tiempo de 1,30 segundos para clasificar al gran desafío final: los Juegos Paraolímpicos Río 2016. «Estoy a 4 segundos de ir a Río, no es imposible», repite como si fuera un mantra. Hoy su marca es 1,34 en 50 metros, pecho.
«El hospital era mi segunda casa. Estoy muy agradecido a todos los médicos que estuvieron conmigo y no tengo más palabras que esas, de agradecimiento, también para los directivos, que me brindaron todo lo que necesitaba. Gracias a ellos hoy soy la persona que soy», concluyó Maxi con una sonrisa.

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