“Secuestraron a mi hija y la liberaron porque no les servía”

La paz no es lo que predomina en esta localidad que se apellida así. Un milagro le devolvió la vida y la felicidad a una familia que quedó shockeada por el secuestro pasajero de una de sus hijas, de 14 años de edad. La querían retener y seguramente secuestrar para explotarla en un prostíbulo. Delito que comúnmente los marcospacenses observan por TV. Pero pasó acá, un secuestro temporario con destino de trata de blanca.

Alrededor de las 14.10, en la calle Chacabuco y Arias, un Duna Blanco se detuvo, bajó un hombre intempestivamente y le tapó la cara a una menor de 14 años, luego la tomó bruscamente del cabello y la hizo ingresar al auto a la fuerza. En el vehículo viajaban dos individuos, uno al volante y el que secuestró a la menor detrás. Al cabo de más de una hora en cautiverio, dando  vueltas por la localidad de Marcos Paz, una mujer ingresa al vehículo, en el barrio El Prado, a los gritos, pidiendo que suelten a la menor porque “iban a quedar pegados, que no les servía, que la suelten”. Se desprendieron de la menor violentamente y luego recuperó la libertad cerca de la calle San Juan. La madre, Marcela Cáceres, que es docente en una escuela especial local, relató con angustia y dolor el triste momento que le tocó vivir a su hija, justo el martes 13 de septiembre.

“Ella estaba al cuidado de su abuela, mi mamá se iba a retirar a su domicilio y le pide que no se vaya para ir al quiosco que queda a la vuelta de mi casa, 50 metros, a comprar un lápiz, así hacia la tarea y la casa no quedaba sola. Mi hija llega a la esquina y ve venir un auto blanco de frente que dobla, la encierra y un hombre que iba en el asiento de atrás la toma del pelo y la mete al auto, con la cabeza de ella siempre para abajo. La amenazan diciéndole que la iban a matar, que no grite, que se calle. Los hombres empiezan a hablar entre ellos, peleándose por determinar dónde iban a llevar a mi hija, se echaban la culpa entre sí de quien tenía que haber buscado lugar. Empieza un recorrido durante casi una hora y media, y en un momento, según el relato de mi hija, el auto frena y sube una mujer que empieza a los gritos diciendo que mi hija era una nena, que ella no quería quedar pegada pero los hombres insistían con retenerla. El hombre que la tenía agarrada fuerte de las muñecas (tanto que la nena tiene marcas), le pega en el estómago, abre la puerta y le dice que baje pero que no mire, que empiece a caminar sin mirar para atrás. Cuando ella está bajando, el hombre le pega una patada y la liberan en el barrio El Prado. Mi hija no se orienta bien en las calles ni en el barrio, pero cuando la sueltan dobla en la calle San Juan, y como yo tengo una hermana que vive en ese barrio, siempre tomamos esa calle para entrar, y ella así se dio cuenta que estaba en ese barrio y empieza a buscar la ruta. Empieza a pedir ayuda, a mujeres que pasaban y en una obra en construcción, que de hecho esta gente de la obra en lugar de ayudarla le dijeron cosas obscenas. Llega caminado al centro hasta la cancha San Martín en la que había un grupo de alumnos y profesores dando clase de educación física, a los que mi hija les pide ayuda y una profesora le prestó su celular para comunicarse con nosotros, pero no pudo, entonces un preceptor la acompañó hasta la comisaría”, relata la madre de la víctima, que para ese momento ya había entrado en un terrible estado de shock y desesperación.

En la comisaría le toman los datos, para todo esto, su abuela ya la estaba buscando apenas pasaron siete minutos de que la nieta había salido de la casa: en el kiosco le habían dicho que la nena nunca llegó a comprar nada. Recorrió otros kioscos más, y como no la encontraba llamó a su papá, que automáticamente dejó de trabajar. “Mi esposo me llama, y junto con vecinos nos pusimos a buscar a la nena agotando todos los recursos antes de llegar a la comisaría. Llego a la comisaría a las 15:55 y mi hija estaba sentada en un costado llorando, hacía cinco minutos la había dejado este preceptor. Fue un alivio verla, justo el policía de turno me estaba llamando, y ahí empezó otra odisea: la denuncia, las acusaciones hacia ella, porque en primera instancia no le creían. Toman la denuncia penal, pasa a fiscalía e interviene el servicio local de Derechos del Niño”.

La madre contó con notable y entendible tono de indignación, que fueron ellos los que llevaron a su hija al hospital en su auto, ya que no había ningún móvil policial disponible ni policía: “En el hospital nunca la revisaron, el precario fue verbal, preguntas como ¿Te tocaron? ¿Te lastimaron? ¿Qué te dijeron?, no hubo fotografías de las lesiones de mi hija ni revisaciones, ni nada. Volvimos a la comisaría a avisar que tenían que ir a buscar ellos el precario, porque a nosotros no nos dieron el papel. A la semana nos citan de la fiscalía, en todo ese tiempo mi hija no tuvo asistencia psicológica, en la audiencia pasa el examen psicológico y la llevan a hacer un recorrido hasta donde ella recordaba, porque ella después no veía por donde la llevaban, pero ella se dio cuenta que estuvieron por la plaza, por el centro de Marcos Paz porque escuchaba muchos ruidos de autos y motos. Después de una hora de recorrido vuelve a la fiscalía y le toman la declaración, otra vez las mismas preguntas por más de una hora y media. La conclusión de la ayudante de fiscal es que la nena dice la verdad”.

En la fiscalía establecieron la veracidad del hecho y les comunicaron a los padres que iban a investigar, le mostraron una foto de autos blancos, “ella se acordaba que era un Duna blanco de vidrios polarizados, porque era igual al auto de nuestro vecino, que tiene un Duna”, pero no reconoció ninguno de ellos. Diez días después se tomó declaraciones a los testigos, y días atrás los llamaron para ver si la adolescente podía reconocer el auto por capturas de las cámaras de seguridad, aunque “hay cámaras que no se pudieron ver porque estaban rotas, y de las demás cámaras les mostraron un montón de autos, pero antes de eso, mi hija recordó que este auto tenía un farol roto”. De todos los autos que vio, le pareció conocido uno que fue tomado por la cámara que está en la plaza central y en fiscalía aseguraron mandar a investigar el auto y volver a ver la filmación.

Marcela Cáceres agregó que jamás dejan sola a su hija, y que si se hubiese querido mandar una “macana” (aunque afirma que jamás sucedió) hubiera esperado a que su abuela se vaya. “Todavía no nos han llamado ni dicho nada, pero se siguen tomando declaraciones. En algún momento me dio la sensación como que no quisieran que esto se sepa, y hay un montón de cosas que indican que esto es verdad. Yo no puedo tomar nada con pinzas porque ya sé que pasó, su hija no pudo ver la cara de ninguno de los dos, pero pudo ver que el hombre que la tenía agarrada llevaba una pulsera con un crucifijo y una remera rosada”.                          Mariano Plaza

 

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